(CRONICA) BLAZE BAYLEY + LUKE APPLETON – LA SALA LIVE – MADRID – 13-04-2018

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BLAZE BAYLEY + LUKE APPLETON

LA SALA LIVE – MADRID

13-04-2018

 

Es difícil encontrar en el mundo del heavy metal a un artista más menospreciado que Blaze Bayley. El vocalista de Birmingham cometió un “gran pecado”: sustituir a Bruce Dickinson en Iron Maiden. A veces uno piensa si es que nuestro protagonista le puso una pistola en la sien a Steve Harris para que le diera el puesto a él y no a los múltiples y, en muchos casos, excepcionales candidatos que se presentaron para un imposible. No obstante, reto a quien quiera a debatir sobre las bondades de “No prayer for the dying” y “Fear of the dark”; comparándolas con las de “The X Factor” o “Virtual XI”, los dos álbumes de Blaze con la Doncella, en mi opinión claramente superiores y que mostraron una cara distinta y, en cierta medida, refrescante; un lado oscuro ni antes ni después visto en el mítico grupo inglés.

No obstante, la realidad es que la dura de travesía de los noventa para las bandas de heavy clásico terminó con Bayley expulsado de Iron Maiden y el retorno triunfal de Bruce y Adrian Smith, que han llevado al sexteto a cotas de popularidad que ni tan siquiera en los ochenta podrían haber soñado. Otra cosa es la calidad de sus trabajos, pero esa es otra historia de la que podría escribir un libro. Blaze, como un Luzbel expulsado del cielo, no sucumbió y emprendió una carrera en solitario que inicialmente tuvo un éxito relativo.

Aprovechando el tirón de su inmediato pasado y, sobre todo, el magnífico debut “Silicon Messiah”, logró captar algunos incondicionales pero ese entusiasmo fue decayendo, si bien su perseverancia le lleva a estar constantemente de gira, a pesar de algunos problemas personales lo suficientemente graves como para desmotivar al más fuerte. De unos años hasta ahora, la fantástica trilogía “Infinite entanglement” y su alianza para los directos con los chicos de Absolva, ha conllevado un ligero repunte de popularidad como se vio a las puertas de La Sala Live, donde más de medio centenar de fieles esperaban a una apertura de puertas que se demoró más de treinta minutos sobre el horario.

Como casi siempre con Blaze, hay alguna situación extraña que hace que el concierto no sea perfecto para todos. La velada estaba programada para las ocho, momento en que los locales Hora Límite saltarían a las tablas. Cuál fue mi sorpresa cuando subo las escaleras y ya estaba en el escenario, con su guitarra acústica, Luke Appleton, el telonero que le acompaña toda la gira. El bueno de Luke es el segundo guitarrista de Absolva y ha tocado bastante con Blaze. Sin embargo, probablemente su posición como bajista de Iced Earth desde 2012 haya desplazado este pluriempleo a un disco acústico en solitario que era lo que venía a presentar.

Ante una sala bastante vacía, este formato no es exactamente el ideal para conseguir mover a una audiencia enfocada completamente al cabeza de cartel. Efectivamente, ni temas propios como “The fear is a lie” o “How does it feel to be alive?” ni las referencias a Absolva, tipo “Never a good day to die” (notable canción en eléctrico, un tanto insulsa “desenchufada”) lograron la más mínima respuesta. Algo más sorprendente es que “I died for you” de Iced Earth resultara tan indiferente al público, dado que es un hit y Luke, sin ser gran cosa como cantante, no lo hizo mal del todo.

Únicamente, Appleton logró romper, de forma modesta, esa indiferencia generalizada con su última interpretación, nada menos que “Watching over me”, probablemente el tema más famoso de Jon Schaffer. En ella pidió colaboración a la audiencia que, tímidamente, acompañó el memorable estribillo. Poco más de media hora y aquello se finiquitó de manera digna por Luke que, de inmediato, dejó la acústica y se desplazó al merchandising a vender su álbum, el último de Absolva y unas fotos firmadas por un euro, algo que chocaba tratándose de alguien que, sinceramente, no es especialmente conocido… ni reconocido.

Por allí se encontraba también Blaze cuando, sin prácticamente solución de continuidad, su banda se subió al pequeño cuadrilátero de la Sala Live, exactamente a las 20:28. Su actuación estaba programada para las 21:50. Esto es especialmente grave porque muchísima gente entró tarde; tan tarde que algunos solo vieron el final. Otros, que no tuvieran su ticket adquirido y apuraran hasta el inicio prevista, imagino que se darían media vuelta al comprobar que aquello toca a su fin cuando debería estar comenzando. No dudo que se anunciara por las redes sociales, pero gran cantidad de público no nos habíamos enterado. Es absurdo privar a la gente de la posibilidad de ver un concierto y hasta para el propio artista será frustrante, pero intuyo que esto no tiene absolutamente nada que ver con el promotor, porque no cuestión de apuros de horario por parte del local, dado que Hora Límite salieron con posterioridad.

El caso es que allí estaban los miembros de Absolva (salvo Luke) que irrumpieron como un torbellino para atacar “Redeemer”, el corte que abre el reciente “The redemption of William Black”, la última y quizá menos inspirada parte de la trilogía. Blaze irrumpió como un elefante en una cacharrería en las tablas y, desde ese primer instante, se vio que el cuarteto es una máquina perfectamente engrasada. Aun así, iban demasiado acelerados en estos compases iniciales y eso se notó tanto en “Redeemer” como en “Are you here”.

Serán pocos, pero el centenar de seguidores de Bayley estaban entregados a la causa, algunos incluso demasiado. Está muy bien disfrutar de los conciertos, darlo todo, pero siempre sin molestar y había cinco o seis individuos que, visto el espacio que había, podían haber sido un poco más respetuosos. Esto fue más evidente en los temas más celebrados, como las referencias a Iron Maiden. Cayó muy rápido el recuerdo al glorioso y efímero pasado con la genial “Futureal”, aprovechando el vocalista británico para darnos la bienvenida al concluir.

Fue el momento en el que el grupo aprovechó para tomar aire. Les sentó realmente bien porque, ahora sí, bajaron el tempo y ese exceso de velocidad se tornó en excelente ejecución. Los acompañantes de Blaze son muy buenos y, junto al maestro de ceremonias, forman una gran equipo, comandado instrumentalmente por Chris Appleton, el hermano de Luke, en su doble papel de guitarrista y coros, junto a una poderosa base rítmica con Karl Schramm al bajo y Martin McNee tras los parches. Eso sí, se echa en falta una segunda guitarra, algo inevitable al hablar de las composiciones de Maiden pero también de las propias.

La estructura del repertorio para esta gira era clara: protagonismo absoluto para la trilogía más canciones de Iron Maiden. Únicamente se quebró para, tras una prescindible “The first true sign”, deleitar a la audiencia con el tema que daba título a su debut. Fue “Silicon Messiah” pero podrían haber escogido cualquiera. Nos quedamos con ganas de escuchar “Born as a stranger”, “The launch”, “Stare at the sun”… No obstante, no era el día para ello y tampoco hay que quejarse porque continuaron con un repaso a su penúltimo álbum, “Endure and survive”. Casi diría con las tres más descatadas, “Dawn of the dead son”, “Escape velocity” y la coreada “Fight back”, siempre una declaración de intenciones del bueno de Blaze.

“Prayers of light” supuso un retorno a su más reciente trabajo y antecedió a otro de esos puntos álgidos en un show de Bayley, la siempre presente “Virus”, el single que Maiden sacaron e incluyeron en la recopilación “Best of the beast”. No es un tema ni de lejos tan directo como “Futureal” pero sí muy apreciado por los seguidores más acérrimos de esa “oscura” etapa de la Doncella. Casi sin darnos cuentas, y con la gente que seguía entrando a cuentagotas en la sala, llegamos a la mitad de la descarga con unas sensaciones positivas que se vieron multiplicadas en el siguiente segmento, dado que aquí tendría protagonismo casi absoluto “Infinite entanglement” que, se mire por donde se mira, es una pasada de álbum.

“Independence”, otra palabra que podría definir perfectamente a Blaze, sonó como un cañón, de las mejores interpretaciones de la velada. “Immortal one”, parada postrer en “The redemption of William Black”, sin ser para nada mala, significó más bien un interludio para otra canción esencial de la trilogía, “Human”, donde Bayley canta con el alma, dejándose la garganta en cada nota. Por cosas como esta, hay que quererle. Este hombre sabe que nunca volverá a dormir en hoteles de lujo, ni tan siquiera tener un autocar cómodo de gira y el catering no pasará de unos sandwiches, cervezas baratas y, a lo sumo, unas pizzas, pero tiene el bien más preciado para un artista: la ilusión.

Esa ilusión la contagia a sus seguidores, que acompañan a su querido vocalista en “Calling you home” o la propia “Endure and survive”. Es aquí donde nuestro protagonista realiza el parón más largo, que aprovecha Luke Appleton para saltar al escenario, escuchar su guitarra (esta vez eléctrica, nada de acústica), y completar la formación. Ignoro el porqué Luke no está durante desde el principio. Son sabidas las malas pulgas de su jefe principal, Jon Schaffer, pero no creo que sea ese el motivo.

Sea como fuere, Blaze hizo una breve semblanza de su paso por Maiden para decirnos que la siguiente canción la habían modificado un poco. Apuntó que, normalmente, cuando esto se hace, a la gente no le gusta mucho, pero que ellos querían ajustarla a su sonido sin perder el espíritu original. Y es así como presentó “The angel and the gambler”, el que fuera primer single de “Virtual XI”, un tema muy criticado con un videoclip bastante cutre que, sin embargo, fue francamente bien interpretado, despertando el entusiasmo de los fans, que se desbordó con “Man on the edge”, seguramente el corte más emblemático de su paso por Iron Maiden.

Tal vez ahí, las casi doscientas personas que daban un buen aspecto a La Sala Live alcanzaron el clímax de la noche, algo erróneo, en mi opinión, porque la traca final con “A thousand years”, “Infinite entanglement” y “Dark energy 256” resultó un excepcional colofón a una actuación de por sí sobresaliente. Ni un parón prácticamente, hora y media sin apenas respiro, con un sonido notable para el local del que se trataba y únicamente como punto negativo la formación de cuarteto, algo habitual y que ya sabíamos, por otra parte.

Con todo, hemos de reiterar lo que comentábamos al principio. Un concierto que debía comentar a las 21:50, terminó a las 22:00. No hace falta incidir en lo poco serio del asunto y el mal sabor que se le quedó a mucha gente. Tampoco hemos de olvidar a los chicos de Hora Límite que se presentaron ante un publico ya muy escaso, compuesto principalmente por amigos y familiares. Por un problema personal de última hora no pude ver la actuación de este grupo que, por lo que había escuchado distaba bastante del artista principal pero que practican un buen rock con vocalista femenina al frente.

Una vez concluida la trilogía, no sabemos qué línea tomará la carrera de Blaze Bayley en los próximos años. Lo que sí tengo muy clara es que continuará en la brecha, inasequible al desaliento y dejándose la vida cada vez que ofrece una descarga a sus seguidores. Tendrá más o menos talento, esto ya va en la percepción de cada uno, pero ojalá alguna vez se le haga justicia. ¿Cómo? No lo sé. Tal vez, como ha declarado en ocasiones, que sus ex compañeros se acuerden de él y se marque un día un dueto con Bruce Dickinson ante decenas de miles de personas. Desde el punto de vista simbólica sería un reconocimiento más que merecido a un currante, un cantante, un músico, o como diría uno de sus temas, simplemente un ser humano.

Texto: Marco-Antonio Romero

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