(CRONICA) Bury Tomorrow + Close to the Sky – Madrid – Sala Caracol – 26/02/2019

Bury Tomorrow + Close to the Sky – Madrid – Sala Caracol – 26/02/2019

Por Alberto García-Teresa

Intensísima, altamente energética, resultó la noche en la Sala Caracol en la descarga de los británicos Bury Tomorrow dentro de su gira de presentación de Black Flame, su último álbum.

Tras dos meritorias actuaciones en el Resurrection Fest, la banda de metalcore ha encarado estos días seis fechas en la Península Ibérica (dos en Portugal y cuatro en España). Una de las peculiaridades de estos conciertos ha sido el contar en cada ciudad española con un grupo telonero distinto. Así, en Bilbao abrieron Meltdown, en La Coruña, Sound of Silence, en Barcelona, We Exist Even Dead. En Madrid, le correspondió a Close to the Sky. The Year junto a Ary fueron quienes ejercieron ese papel en las citas lusas. Además, Bury Tomorrow llegaba a la Península tras un par de conciertos en Rusia, y se notó que agradecieron el cambio de clima (“vivís en un país estupendo; siempre hace sol”, bromeó en un momento Dani, el vocalista). Ese calor fue recíproco, y no sólo fue provocado por estas preocupantes altas temperaturas en febrero. El grupo se volcó, disfrutó del concierto, transmitió rabia, agresividad, intensidad, conexión y pericia. Y el público, por su parte, se entregó desde el primer acorde.

Antes, los madrileños Close to the Sky, durante cuarenta minutos, tuvieron el desafío de allanarles el camino ante una sala medio vacía, que se estaba reservando para desparramar adrenalina con los cabezas de cartel. Pero la banda no se achantó, y se exprimió al máximo para conseguir una actuación buena, muy enérgica, apelando continuamente a un público, como decía, expectante, pero que entró al trapo tras las múltiples alusiones y estrategias del vocalista para implicarlo y hacerlo botar.

Close to the Sky practica un metalcore con toques djent, apoyándose en disonancias y, en la voz, cuentan con un growl de dos tonos (más gutural o más rasgado) que se alterna con otro registro limpio, que incluso rapea, ejecutada por una única y versátil garganta; la de Lucas. Esos detalles progresivos, basados sobre todo en la técnica de los guitarristas Nacho y Sergio, sin embargo, no se llegaron a apreciar en toda su riqueza durante su actuación por un sonido demasiado cargado en los graves (que se mantuvo también con Bury Tomorrow). Tampoco, en ocasiones, las voces limpias. De hecho, los arreglos electrónicos, característicos en gran parte de sus canciones, o no se dispararon o no llegaron a apreciarse. En su concierto, básicamente, desgranaron su primer largo, The Distant View, aunque también nos regalaron un tema inédito, que continúa con el camino abierto por sus canciones anteriores. En concreto, la canción “Haunting Memories” fue un momento climático, y el grupo se apoyó especialmente en el tema para tratar de desperezar a la gente. Todo el conjunto no dejó de contonearse y animar al público. En especial, hay que destacar la actitud del nuevo bajista (tras la salida de Jota), muy salvaje, contagiando las ganas de dejarse arrastrar por la feroz música. Detrás, Adrián a la batería seguía marcando un ritmo contundente y poderoso. Sin embargo, la cautela primó entre el público ante el impulso de saltar, y, por ejemplo, en la última canción, en un intento de wall of death, únicamente media docena de tíos (volvemos a lo de siempre; hay que replantearse qué espacios y qué exclusiones seguimos marcando y fomentando en los conciertos con cosas de estas…) se lanzaron al medio del hueco a desfogarse, ante la mirada precavida del resto de la sala.

En ese sentido, precisamente, creo que la Caracol es un local bastante seguro para este tipo de conciertos por su dimensión alargada, prácticamente plana y sin sorpresas arquitectónicas cuando sales expulsado del pogo. Por contra, ese escenario tan hondo continúa dificultando la visión, a pesar de la buena altura del tablado.

En cualquier caso, la entrega y el arrojo de Close to the Sky (que estarán, precisamente, en la próxima edición de Resurrection Fest) y esa perspectiva currante y ambiciosa que demuestra su música y su trabajo son buenas bases para un futuro prometedor.

Con unos juegos de luces austeros, sin ningún ropaje escénico, Bury Tomorrow salieron arrollando a un público rendido de entrada a la efectividad, contundencia y estribillos melódicos del combo británico. Hay que destacar la comunicación de Dani a lo largo de todo el concierto. Es un frontman mayúsculo, especialmente en salas pequeñas como la Caracol. Su cercanía y complicidad, su sencillez, su simpatía y sus ganas de que la energía fuera recíproca se hicieron palpables desde el primer tema. Consiguió crear un clima estupendo de buen rollo sin rebajar la agresividad de las canciones, pero precisamente para manifestar que aquí se venía con afán de hermanamiento, de expulsión de energía y de tensiones a través de música potente y coros pegadizos. Toda la banda, como ya he señalado, se volcó y, en suma, lograron un concierto espléndido.

Sudor, sudor, sudor es la mejor expresión de la intensidad y del movimiento que hubo entre el público bajo las melodías de Bury Tomorrow. Los moshers tomaron el escenario a partir ya del penúltimo tema y, en general, hubo bastante moderación (no llegaron a agolparse y saltaban en varias direcciones para no saturar a la gente de un mismo lado). Como sabemos, es una práctica contagiosa e in crescendo, y la banda, según vimos y expresaron por el micro, literalmente flipó cuando un tipo terminó saltando dando una voltereta en el aire. Fue sólo una muestra tanto de la energía del ambiente como de la complicidad con el escenario. En efecto, Dani no paró de animar a la gente a saltar, a formar pit circle, wall of death y esas cosas de bailarpegadosesbailar. Fue merecidamente el centro de atención, y su growl de dos tonos condujo la potencia del grupo. De hecho, el guitarrista Jason, que se encarga de los contagiosos estribillos (algo cargantes en conjunto, en mi opinión, especialmente por abusar de una misma estructura), los cuales precisamente son los tramos de sus canciones en los que consiguen hacer corear a toda la audiencia, mantenía su sitio en un discreto segundo plano al lado izquierdo de las tablas. El bajista, Davyd, al hilo de lo que su hermano Dani iba tejiendo, también fue soltándose con bromas con el público poco a poco mientras no paraba de agitarse. Adam y sus baquetas, sin preocuparse por ocupar ese lejano fondo del escenario, llenó el sonido de la sala marcando el ritmo de los saltos de la sala. Finalmente, Kristan cumplió su trabajo con la guitarra solista a pesar de las deficiencias del sonido. En ese sentido, si bien es cierto que el sonido mejoró con respecto a Close to the Sky, los graves se acoplaron en ocasiones. No en vano, apagaron los detalles más técnicos y punteos de guitarra de temas como “Cemetery” (en sus tramos más melodeath; precisamente mi tema favorito del grupo).

La apuesta del grupo por su último disco, Black Flame, se hizo patente en el repertorio: seis de las trece canciones que tocaron pertenecían a este álbum, incluidos el primer y el último tema. Sin duda, la banda comprende que han conseguido una obra que les asienta y les puede abrir nuevos espacios. Arrancaron con una potentísima “No Less Violent”, en la que ya el público se desbocó y se entregó al flujo de contundencia, breakdowns, ferocidad y fuertes contrates con los limpios estribillos característicos de Bury Tomorrow. Le siguió la cabalgada melódica de “Earthbound”, uno de los temazos de su cuarto disco, y las primeras conversaciones con el auditorio de Dani. Los ritmos entrecortados de “Royal Blood” abrieron una tanda de dos temas del The Union of Crowns, pues le sucedió “An Honourable Reign”. Con júbilo y agitación se acogió la potente “More Than Mortal”, que mantuvo intacta su agresividad al ser volcada sobre los seguidores madrileños. “Knife of Gold”, veloz y robusta, continuó con el traqueteo más potente del concierto. La energía desbordaba la sala y el anuncio de “The Age”, con sus épicos acordes de inicio, aumentó la entrega de un público que estaba disfrutando de lo lindo, acompañando por completo las secciones cantadas por Jason. “Cemetery”, como ya he apuntado, quedó algo deslucida al no conseguir resaltar sus tramos más melodeath, aunque fue recibida con el mismo entusiasmo. La confraternidad entre público y banda era casi completa, pero el grupo quería ahondar en el buen rollo dentro de la audiencia. Así, como es habitual al presentar “Last Light”, pidieron que todo el mundo levantara su mano y que la posara sobre el hombro de la persona de al lado. Así, entrelazados, solicitaron que saltáramos de izquierda a derecha, de lado a lado del local. Poco duró el experimento ante las ganas del personal de celebrar la camaradería con un buen pogo… “Overcast”, a su vez, retomó cierta épica, de nuevo, con su emocionante estribillo y su luminoso tramo de cierre.

Se acercaba la recta final y la encargada de encaminarla era una de las canciones más logradas del grupo, “Man on Fire”. Sus repeticiones funcionan perfectamente en directo para que el público cante y se desahogue a gusto en las estrofas vertidas por Dani y su poderoso growl. A continuación, estalló “Lionheart”. Según explicó el vocalista, se trata de un tema que nunca ha faltado en su repertorio, en cada uno de sus bolos, desde el día que salió Runes (su segundo disco, de 2014, y del que sólo recuperaron este corte para esta noche). Su ritmo más hardcore y su animosa letra fueron el disparadero, como he señalado, para que estallase el mosh en la Caracol con ayuda del grupo, que facilitó que la gente subiera al escenario y se zambulliese en la multitud desde allí.

Tocaba entonces que la banda se retirase y que la gente clamara un bis. David, bromeando, explica la situación, alude al mal olor del vestuario, a lo pequeñito del local, y comienzan a hacer el tonto simulando que los miembros del grupo se esconden y aparecen tras las peticiones de los fans ante el regocijo y cachondeo de la sala. Incluso subió a un chico del público para que continuara con la broma. De nuevo, la conexión con la audiencia fue total. Y arrancaron “Black Flame”, el tema más comercial del grupo y que se ha convertido y que han tomado como canción culminante. Desde mi punto de vista, se trata de una decisión arriesgada por un lado, pero, por otra parte, sin duda resulta un planteamiento acertado con vistas a la evolución de Bury Tomorrow. Coreado hasta la afonía, este tema concluyó una noche muy potente y satisfactoria, que volvió a demostrar que son los escenarios donde se fraguan y consolidan las grandes bandas. O las que aspiran a ello.

Bury Tomorrow + Close to the Sky

Madrid, 26/02/2019

Sala Caracol

Organiza: ResurrectionFest Route

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Sobre Roberto Fierro

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