(CRONICA) CLOVEN HOOF – Madrid – Sala Wurlitzer Ballroom – 03/11/2019

CLOVEN HOOF Madrid Sala Wurlitzer Ballroom 03/11/2019

Resulta admirable ver como gente ya “talludita” sigue viviendo con gran ilusión subirse a un escenario. Este hecho cobra mayor relevancia cuando tienes que hacerlo un domingo (aunque el día es lo de menos) ante unas veinte personas y en un “bareto” cuyo escenario apenas permite tus movimientos. Para mí esa es la verdadera actitud del underground y está claro que Lee Payne la tiene porque, si no es por ella, no encuentro otra explicación.

La etiqueta banda “de culto” resulta muy “guay” (o “cool”, que dirían los ingleses y los insoportables “modernos”) pero supongo que muchas de esas bandas a las que se la ponemos seguro que preferirían no llevarla y ver su esfuerzo y calidad algo más reconocida a nivel de público. Supongo que es lo que hay y poco va a cambiar su estatus a estas alturas pero lo cierto es que merecieron una mejor asistencia.

Luego, en las charlas de bar o en festivales especializados, todos somos muy seguidores de la New Wave Of British Heavy Metal, como los innumerables parches de grupos cuasi desconocidos que se lucen atestiguan. Eso sí, una leyenda del estilo como Cloven Hoof pisa nuestra ciudad y resulta que meten dos decenas de personas. Y hablo de Madrid, no de Albacete, con todos mis respetos para la capital manchega. Como siempre digo, allá cada cual, pero aunque en cierto modo era previsible no deja de ser lamentable y dice mucho de la cantidad de “posers” que pululan en el mundillo metálico. ¿O es que tal vez los organizadores no eran los adecuados?

Sin banda telonera, como si ha habido en otras fechas de la gira española, la gente apuró hasta el último minuto bebiendo en la calle o en algún bar cercano hasta casi la hora supuesta de inicio. Y digo supuesta porque, aunque algunos de los miembros del grupo estaban ya ultimando sus preparativos, el líder del quinteto aún no estaba en la sala por lo que el inicio del concierto se retrasó unos quince minutos cosa que, teniendo en cuenta los horarios de la sala y que era domingo, hubiera preferido que no se produjera pero bueno, he vivido situaciones mucho peores en la Wurli.

Tras una escueta intro “Inquisitor” fue la elegida para romper el hielo y lo cierto es que, aún siendo un buen tema (de un disco menor eso sí como “Eye Of The Sun”), no causó especial revuelo entre el escaso respetable que mantenía la “distancia de seguridad” con el escenario. Estaba bastante claro que el grueso de los asistentes había venido a escuchar clásicos y no temas de este siglo. Craso error en mi opinión porque aunque sus obras de los ochenta son de gran nivel y discos de culto (otra vez la dichosa etiqueta) creo que en los últimos años han sacado trabajos interesantes y más que dignos como su último “Who Mourns For The Mourning Star?”, por ejemplo, y que “Song Of Orpheus” o “Time To Burn” creo que se encargaron de certificar convenientemente.

“Highlander” nos trasportó a finales de los ochenta y aquí sí que la banda contó con la respuesta de los presentes que, azuzados por el vocalista George Call, se acercaron algo más a las tablas y corearon el estribillo. Aprovecho para felicitar al vocalista americano de Aska (también lo fue durante un par de años de Omen) tanto por su actuación vocal como por la cercanía y simpatía que desplegó durante la actuación. Sin duda él fue el artífice que logró meter a los pocos asistentes en el concierto logrando la tan difícil comunión entre banda y público. Él y, por supuesto, los clásicos que fueron cayendo sobre todo en la segunda mitad de la actuación obraron el milagro.

Seguimos retrocediendo en el tiempo con “The Fugitive”, muy bien recibida también y donde el vocalista bajó del escenario para animar a la gente a acercarse aún más a las tablas, mientras despachaban el gran “A Sultan´s Ransom” con la coreada puño en alto “Astral Rider”, ahora sí, con el público volcado con el grupo incondicionalmente cosa que se mantuvo ya hasta el final del concierto. Éramos muy pocos, pero ruidosos, y el grupo se mostró muy agradecido por el apoyo recibido creciéndose con el transcurso de las canciones. Un ambiente a priori deplorable logró transformarse en otro bien distinto gracias a público y banda.

La intensidad iba creciendo arriba y abajo del escenario y, aunque las reducidas dimensiones de las mismas impedían demasiadas “florituras”, si que usaron los pequeños recursos que había (como la tarima en la que se subieron algunos de los integrantes del combo en varias ocasiones) para acercarse a sus seguidores. De hecho aprovecharon el ambiente familiar para ponerlo a su favor llegando George a bajarse del escenario, como he comentado, para cantar con nosotros o ponernos el micrófono para corear los estribillos en numerosos momentos. Simple pero efectivo porque la respuesta no pudo ser más positiva.

A pesar de que la voz cantante la llevara el vocalista americano Lee Payne, como único miembro fundador, fue también muy protagonista y el propio Call le reconoció al presentarle el mérito de mantenerse fiel al Heavy Metal a lo largo de todos estos años en los que otros estilos han ido aumentando su popularidad. Se llevó nuestro aplauso y ovación mientras tomaba el micrófono para saludarnos y darnos las gracias por haber asistido al concierto. Verle tocar, hacer coros y mover la cabeza con esa emoción a sus casi sesenta años desde luego es digno de elogio. Pura profesionalidad y amor por esta música fue lo que demostró.

La inestabilidad que ha acompañado desde sus inicios a las formaciones de Cloven Hoof  y que, seguramente, sea una de las causas principales de que nunca llegaran a dar el salto volvía a hacerse presente en esta gira ya que había dos nuevos miembros respecto a su anterior visita de hace dos años. Sin embargo la savia nueva que ha entrado en el grupo con el baterista Mark Bristow y el guitarrista Ash Baker me parecieron claves también para el devenir de la descarga.

El primero me pareció soberbio tras los parches, pese a que tuviera un bombo al parecer más pequeño que el que usa habitualmente como comentó entre risas George en su presentación, pero sin duda fue el segundo el que más juego dio en directo. No sólo clavó sus partes sino que gustó y se gustó poniendo posturitas, subiéndose a la tarima central y hasta tirándose al suelo para dar vueltas, al estilo Angus Young, mientras hacía un solo.

Además a ambos les vi muy compenetrados y asentados en el grupo aunque lleven apenas meses en él. Seguramente ser compañeros de Payne en el proyecto East Of Lyra tiene mucho que ver no sólo para haber sido los elegidos para cubrir esos puestos sino para su rápida integración en el seno de la banda británica. Sea como fuere, muy buena  tanto la actuación del joven Ash como la del guitarrista Chris Coss aunque fuera más comedido y sobrio en escena que su compañero a las seis cuerdas.

En el ecuador del concierto el espíritu de Ronnie James Dio sobrevoló la sala pero no con alguna manida versión del “Holy Diver” o de Black Sabbath sino con el tema “Kiss Of Evil”. No fue mi tema favorito del concierto pero su riff de guitarra es pegadizo y Call consiguió que coreáramos la palabra “Evil” para que el ánimo no decayera. Además, con el permiso de la citada “Time To Burn”, marcó el inicio de una tanda incontestable de clásicos que hizo de la segunda parte del concierto una autentica fiesta.

Así el “mano a mano” entre el debut homónimo y su segunda entrega, “Dominator”, copó la recta final y colmó las ansias de los presentes por escuchar maravillas de la NWOBHM como “The Gates Of Gehenna”, la que da nombre al grupo o la cantada con fervor, “Nova Battlestar”. Sólo por escuchar algunos de estos temas mereció la pena asistir ya que todo el grupo los ejecutó haciéndoles justicia aunque aquellos tiempos sólo los viviera Lee lógicamente.

Con todo el público ya ocupando la parte delantera del escenario, cosa no muy difícil todo sea dicho dado el número de personas que éramos, remataron la faena con un trío de ases como “Crack The Whip”, con el vocalista de nuevo entre nosotros, la celebradísima “Reach For The Sky” y, cómo no, la pedida a gritos Laying Down The Law” que puso el punto y final a un concierto demasiado corto (tan sólo trece temas) pero muy digno y disfrutable. Quedémonos con el vaso medio lleno esta vez.

La enésima encarnación de Cloven Hoof demostró estar en un gran estado de forma y así se lo reconocimos coreando el nombre del grupo mientras ellos se despedían, agradecidos y sonrientes, de los pocos “valientes” que elegimos el Heavy Metal en lugar del sofá la noche de autos para acercarnos a verles. Esta vez ni el mejorable sonido (a la Wurli las sonoridades “heavies” no le sientan demasiado bien aunque el técnico hizo lo que pudo y no fue lo peor que haya oído allí) ni la penosa asistencia pudieron con una banda dispuesta a hacernos pasar un buen rato a ritmo de Heavy Metal clásico. Creo que lo consiguieron y, a veces, esto es más que suficiente.

Texto y Fotos: David Ortego     

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