(CRONICA) ELECTRIC BOYS + STAR MAFIA BOY – SALA SOUND STAGE – MADRID – 12/10/18

ELECTRIC BOYS + STAR MAFIA BOY

SALA SOUND STAGE (MADRID)

12-10-2018

 

Lucha. No se me ocurre otra palabra para definir, a priori, lo que significan Paco, alias Star Mafia Boy, y Conny Bloom, el líder de Electric Boys. Podríamos decir que ambos han tenido una carrera paralela que les lleva a estar más de tres décadas encima de los escenarios, incluso cruzándose un nombre de manera indirecta: los legendarios Hanoi Rocks. Conny fue segundo guitarra de los finlandeses desde, prácticamente, su retorno hasta la segunda defunción y Star Mafia Boy ha llegado a abrir en Helsinki para Michael Monroe, vocalista de los mencionados.

La trayectoria musical, siendo básicamente hard rock, ya es otra cosa. Star Mafia Boy sienta sus bases sobre hard con actitud punk, muy heredero de The New York Dolls, mientras que Electric Boys, con su heterogénea mezcla, estuvieron a punto de conseguirlo con su genial “Funk O Metal Carpet Ride”, en 1989, pero tardaron nada menos que tres años (entonces era un mundo) en editar su continuación, el no menos fantástico “Groovus Maximus”, y para entonces el panorama musical era distinto, quedándose en el status habitual de “grupo de culto”.

Así las cosas se presentaba un cartel muy interesante, si bien no había visto demasiada publicidad previa y, encima, estábamos en mitad de un puente. No obstante, cuál fue mi sorpresa cuando al entrar en la Sound Stage a poco más de un cuarto de hora del teórico horario de inicio, me encontré solo en la sala. Incluso, llegué a dudar de haberme equivocado pero no, me habrían advertido al pedir la acreditación. Con cuentagotas, accedió más público pero, en el momento álgido, apenas éramos medio centenar de personas, cifra, sinceramente, lamentable porque hablamos de un artista local (si bien su carrera se ha centrado mucho en el Reino Unido en los últimos años) y la primera visita como cabeza de cartel de Electric Boys, tras telonear a FM hace un lustro.

Es una lástima porque si bien es cierto que este otoño es una locura en cuanto a conciertos de todo tipo para los amantes del rock, hard o heavy, parecería más lógico decantarse por conjuntos difíciles de ver que “por los de siempre”, pero el público es soberano y si la gente decidió no ir a este concierto supongo que sería por un conjunto de factores, como los antes mencionados y algún otro que se nos escape porque, desde luego, no será por la falta de calidad. En estas diatribas estaba cuando el reloj marcó las ocho y media de la tarde, hora en la que Star Mafia Boy debía comenzar su adrenalínica descarga.

Sobre Francisco José Rodríguez Pinto (nombre que figura en el DNI de nuestro protagonista) podríamos escribir horas. Haciendo memoria, los rompedores y gafados Ausentes, Babylon Boys, Corazones Negros, M99 y, sobre todo, Guitar Mafia han sido algunos de sus pasajes musicales más conocidos, además de colaboraciones como guitarra de gira en los excelentes y nunca bien ponderados The Black Halos, o su aparición en el directo “Vivo y salvaje” de Burning. Con todo, desde 2009 es su propia banda la que copa su atención prioritaria, habiéndose pateado con ella todos los escenarios en donde haya podido acudir.

Con Tito77 a la batería y Sebas como bajista, este power trío salió desde el minuto uno a matar y no dejar títere con cabeza. Actitud y ganas, esa es la receta de Star Mafia Boy, además, lógicamente, de un buen puñado de temas notables que te incitan a moverte.Al ritmo de “Ven conmigo al ring” comenzó una velada donde el sonido, desgraciadamente, no les acompañó. Da igual que lo des todo si la batería satura tanto que casi hace que no se entienda la voz. Los coros, para variar en esta sala, no se oyen.

A pesar de los problemas, el tercero es una máquina engrasada y muy profesional que basa su descarga en el ataque constante. No hay descanso y, cada canción, corta y a la yugular, se sucede sin solución de continuidad. De esta forma, enlaza “Tengo algo guardado para ti”, la coreable y adictiva “Corriendo salvaje” y “Mil años de amor en el infierno”. Incluso, se permiten el lujo de hacer un guiño al “Dirty deeds, done dirt cheap” de AC/DC en “Más allá de los sueños”, en mi opinión, una de sus composiciones más destacadas.

Hay una cosa con la que me quedo. Ni la escasa concurrencia ni el deficiente sonido amilanan a Paco, Star Mafia Boy, que, ni corto ni perezoso, abandona las tablas de la Sound Stage y se pone a tocar entre el público, subiendo, posteriormente, las escaleras para marcarse un solo en la parte de arriba del local, habitualmente reservada para los músicos. Eso se le llama pasión por lo que hace. Guste más o menos su propuesta, respeto absoluto para este hombre.

La segunda mitad del show transcurrió prácticamente similar, casi sin interrupciones, con “La heroína de mis venas”, “No puedo para de amarte” y su ya clásica versión del “20th century boy” de T-Rex, revisión, para mí, simplemente correcta y divertida. la recta final llegó con su último single, la más que buena “Los Angeles”, y el adiós con la imprescindible “2012 cyberpunk” donde también nos regalaron un guiño a “El Padrino”. Se despedían con una salva de aplausos de los allí presentes, satisfechos con lo visto.

En el debe de la actuación decir que únicamente duró 33 minutos, algo demasiado escaso para una banda con una trayectoria de siete discos. Vale que no dejan un instante de respiro pero dos o tres temas más habrían dejado una aún mejor impresión. Seguramente, no será un concierto que ni ellos ni la audiencia recuerde, pero más por las circunstancias que por las prestaciones, intachables y encomiables, de Star Mafia Boy.

No pasó la media hora de rigor para que Electric Boys se subieran a las tablas de Sound Stage. Fue en 2011 cuando Conny Bloom y Andy Christell, al terminar sus obligaciones con Hanoi Rocks, deciden darse una nueva oportunidad. Y es que, en su primera etapa, facturaron dos discos excepcionales (los mencionados “Funk O Metal Carpet Ride” y “Groovus Maximus”, además del postrer y algo menos inspirado “Freewheelin´”, trabajaron con luminarias como el productor Rob Rock y consiguieron rotación en la MTV con el videoclip de su hit, “All lips n´ hips”.

Conny y Andy decidieron llamar a sus viejos compinches, el infravalorado guitarrista Franco Santunione y el baterista Niklas Sigevall, y con la formación original, editan “And them the boys done swang” y, posteriormente, “Starflight united”, dos álbumes orientados al groove y el hard psicodélico, que son una continuación digna de sus primeras obras. Asimismo, retoman la actividad en directo, con conciertos y giras más o menos regulares (por ejemplo, el año pasado celebraron el vigésimo quinto aniversario de “Groovus Maximus” tocándolo completo), si bien incorporan un segundo baterista como quinto miembro, Jolle Atlaglic, de The Quill, que sustituye a Niclas cuando éste no puede cumplir con las obligaciones en el escenario, como pasó aquí en Madrid.

El medio centenar congregado vitoreamos la aparición del cuarteto escandinavo. En las redes sociales, el promotor comentó que tenían un equipo especial para el concierto, pero con lo mal que había sonado Star Mafia Boy, quedaba la duda si finalmente se había instalado. Afortunadamente, sí se hizo y aquello sonó como un tiro, algo a agradecer en una sala que no se suele caracterizar por su nitidez. Quizá los coros un pelín bajos pero eso era más problema de la mezcla que del equipo en sí.

“Spaced out”, composición que abría “Starflight united”, fue la encargada de dar el pistoletazo de salida. Con Conny de maestro de ceremonias, con su eterna melena, barba y pinta de hippie (pañuelos y fulares mediante), Electric Boys demuestran con cada nota dos: la primera es un química fantástica entre todos sus componentes. Se entienden a la perfección, se conocen y saben cómo explotar sus cualidades en beneficio de la música. La segunda es que su propuesta siempre me resultó original y entretenidísima. Desde que les descubrí allá por 1990, me parecieron distintos. Hard rock, groove, funk, psicodelia… todo cabe en las canciones de los suecos.

Gracias a esta variedad, consiguen enganchar al público muy rápido, máxime si en los compases iniciales interpretan uno de sus clásicos, “Groovus maximus”, coreado con fuerza por los asistentes. En noviembre editan un nuevo trabajo, “The Ghost Ward diaries”, del que quisieron presentarnos un par de canciones, siendo “Suffer” un corte con el que Franco y Conny nos deleitaron con buenos fraseos de guitarra combinados. Tras ella, el saludo inicial del vocalista felicitándonos por la celebración de la fiesta nacional e incidiendo que estaba muy contento de volver a España, imagino que obviando el hecho de la escasísima asistencia. Pocos pero entregados debió pensar el bueno de Bloom.

“The change”, de su debut “Funk O Metal Carpet Ride”, introdujo la psicodelia y el sonido setentero en la velada. Ya estaban todos los ingredientes en la cocina y con esas viandas, el plato no puede fallar. Tanto este como “Groovus maximus” se tenían que convertir, por pura lógica y calidad, en las principales apuestas. Así, le llegó el turno a dos temas de esta segunda entrega, un par de composiciones maravillas, como la marchosa “Knee deep in you”, con un riff que aúna funky y hard 70´s, y la beatleliana “Mary in the mistery world”, que fuera single en 1992. Si el mundo musical fuera justo, debería haber reventado las listas, pero ya sabemos cómo funciona este negocio.

“Mary in the mistery world” quedó unida a la también rockera “If only she was lonely” y, en un tono más cañero, “Angel in armoured suit”. En este tercero escuchamos, por fin con mediana nitidez, los coros de Andy y Franco como complemento a Conny. De aquí al final casi asistimos a un monólogo de recuerdos de finales de los ochenta, de los jovencísimos Electric Boys que querían comerse el dominante mundo del hard rock a base de diversión. Prueba de ello la funky e imprescindible “Electrified”, alargada en una pequeña jam que incluyó un fragmento del “Tom Sawyer” de Rush.

La última de las nuevas composiciones fue la aceleradísima “Hangover in Hannover”, probablemente la más rápida que hayan escrito jamás. Me gustó mucho y, curiosamente, ese mismo día había salido el videoclip y habían colgado el tema en las distintas plataformas. No obstante, la gente seguía ávida de clásicos y Electric Boys nos lo dieron de la mano de “Rag to riches” otro de sus temas inmortales, groovy, vacilona y concluida por los poquitos fans que estábamos en Sound Stage.

Estábamos disfrutando enormemente pero cuando presentaron la genial oda a la psicodelia setentera, “Captain of my soul”, algunos intuimos que algo no iba bien del todo, porque con ella suelen cerrar antes de los bises. Y es que hablamos de sesenta escasísimos minutos y doce insuficientes canciones, algo inadmisible. Con la bobadita del “oé, oé, oé”, aunque lo hicieron con cierta gracia, abandonaron momentáneamente el escenario para regresar, un par de minutos después, para ofrecer un mísero bis, como no podía ser de otra forma, su exitosa “All lips n´ hips”.

A pesar de su, objetivamente, notable actuación, la impresión queda totalmente oscurecida por esos sesenta y seis minutos finales. No es de recibo cuando eres un conjunto con una trayectoria bastante amplia en material, máxime dejándote cosas tan imprescindibles como “Psychodelic eyes”. Es difícil de entender, la verdad, y hace que la sensación con la que salí del concierto fuera agridulce. Impecables Electric Boys cuando tocaron… pero qué poco lo hicieron. Desgraciadamente, este es un lastre que se repite, casi como un mantra, en los últimos años. Algunos utilizarán la manida frase de “breve pero muy intenso”, pero esa es la excusa del mediocre o el conformista. El público que paga religiosamente su entrada merece más, bastante más.

Texto: Marco-Antonio Romero

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