(CRONICA) GLENN HUGHES – Madrid – Teatro Nuevo Apolo – 02/04/2019

GLENN HUGHES Madrid Teatro Nuevo Apolo 02/04/2019

La Voz del Rock sigue recorriendo el mundo con su show centrado en la época en la que militó en Deep Purple y, de nuevo, recalaba en Madrid menos de un año después de su última aparición en la capital. Sin embargo, a diferencia de su pasada visita no lo hacían encabezando un festival, como hizo en la segunda jornada del Garage Sound, sino que se presentaba en un lugar mucho menos habitual para albergar conciertos como el teatro Nuevo Apolo. Menos habitual sí, pero con unas condiciones fantásticas en cuanto a visibilidad, luces y sonido para que ninguno de estos tres elementos enturbiaran la actuación pero claro, con el inconveniente de tener que permanecer sentados en un concierto de Rock. Muchos no pudieron soportarlo, sobre todo en los instantes finales. No se lo puedo reprochar.

El ambiente en los aledaños del teatro, la céntrica plaza de tirso de Molina, era el de las grandes citas y, aunque vi a alguna persona comprar su entrada en taquilla, debimos rozar el lleno absoluto porque apenas se veían butacas vacías una vez que todo el público tomó su asiento y, pasados diez minutos sobre las nueve de la noche, se apagaron las luces mientras una voz en off disparada desde la mesa presentaba a Glenn Hughes y anunciaba que el espectáculo iba a comenzar sin más dilación.

Con ese telón tan setentero que ya vimos el año pasado apareció el genial bajista y cantante para, durante una hora y tres cuartos, transportarnos en su máquina del tiempo particular a la época en la que formó parte de una de las bandas más grandes del Rock. Y no digo esto sólo por las pintas que ha recuperado desde hace un tiempo (patillas exageradas, melena, ropa y gafas “vintage”, pañuelo al cuello…) sino porque la concepción de estos conciertos rindiendo homenaje a su ex banda son muy de esa época ya que en ese tiempo, muy apropiado visto lo que ofrecen la mayoría de los grupos hoy en día, tan sólo interpretaron nueve canciones.

Nueve canciones muy bien ejecutadas pero llenas de improvisaciones o con extensos solos intercalados que las alargaban, en mi opinión, demasiado pese a que todo fluía apropiadamente. Habiéndole visto el año pasado ya sabía a lo que iba pero no por eso negaré que hubiera salido mucho más satisfecho si en lugar de tanto solo y alargamiento de los temas hubieran tocado alguna de esas piezas que grabó con los Purple y que, de nuevo, se quedaron en el debe del grupo.

Como es costumbre “Stormbringer” fue la encargada de darnos la bienvenida a un bolo que el público parecía más que predispuesto a encumbrar a la categoría de “concierto del año” desde los compases iniciales. Se notaba la expectación y la admiración que los presentes teníamos por el vocalista aunque nos mostramos respetuosos con el lugar en el que nos encontrábamos guardando un silencio casi sepulcral tan sólo roto, en momentos puntuales, por algún grito espontáneo de admiración o las palmas y coros que la banda y el propio Glenn nos pidieron en alguna ocasión. Aún con el inconveniente para muchos de tener que estar sentado (otros seguramente lo agradecieron), cuando lo que les apetecía era saltar, resultó una grata experiencia disfrutar un concierto sin un mar de móviles o el molestó murmullo continuo que se escucha, cada vez más a menudo, cuando la gente va a los conciertos a hablar con los colegas en lugar de a disfrutar de lo que los músicos ofrecen. No fue el caso de esta noche por suerte para todos.

Como decía muy buen sonido y luces desde el principio con las que pudimos ver que Hughes sigue presentando un aspecto físico fantástico. Parece una especie de Benjamin Button del Rock porque el tiempo pasa y él cada vez parece más joven. Por supuesto en el apartado vocal sigue también en un estado de forma inalcanzable para la mayoría de los mortales, independientemente de edades, pero haré una pequeña consideración con la que creo que mucha gente no estará de acuerdo.

Tengo la impresión de que en las últimas dos veces que le he visto su voz tiene algo menos de fuerza (y eso que la demostración de poderío cantando a medio metro del micrófono durante “Mistreated” fue para enmarcar) y que “abusa” demasiado de ese grito agudo que antes usaba con más moderación. Aún con todo de nuevo el británico dio una lección incontestable no sólo vocal sino también a las cuatro cuerdas porque, en estas lides, no es “manco” tampoco precisamente y creo que no se le reconoce lo suficiente. Está claro que su vozarrón eclipsa su faceta de bajista pero es justo reseñar su valía a las cuatro cuerdas.

“Might Just Take Your Life” y “Sail Away” continuaron con la fiesta antes de que “You Fool No One” nos mostrara el aspecto más setentero de la banda al introducir en ella un largo solo de batería a cargo de Ash Sheehan donde demostró sus habilidades, tanto técnicas como de velocidad, siendo elogiado por un entusiasmado Glenn mientras le presentaba y recibía nuestra ovación. Pero no quedó ahí la cosa porque también se “perdieron” durante ella en una jam al más puro estilo de la época con solo de guitarra incluido. Reconozco que lo hubiera pasado mal en los conciertos de haber vivido aquella década porque que un tema de menos de cinco minutos se convierta en otro de casi cuarto de hora reconozco que no es para mí. Para gustos los colores porque ya digo que la gente estaba encantada.

Aunque es obvio que Hughes acapara todas las miradas no es menos cierto que tiene una banda muy, muy competente junto a él y con la que, tras tantos conciertos, muestra un grado de compenetración y química elevadísimo. Volvieron a acompañarle como es habitual Soren Andersen a las seis cuerdas (su guitarrista desde hace doce años como resaltó al presentarle), al que vi muy cómodo y sobrado durante toda la actuación en el papel de Blackmore, y Jesper Bo Hansen como encargado de aportar esos colchones de teclado tan inconfundibles y memorables que la banda británica poseía y posee. El “nuevo” baterista (es tras los parches donde más cambios ha habido durante este periplo purpleliano) era el citado Ash Sheehan que, personalmente, me gustó mucho más que el baterista que llevaba el año pasado tanto por su forma de tocar como por la manera de afrontar sus partes ya que parecía que llevaba toda la vida formando base rítmica con Glenn. Sin duda, creo que ha sabido elegir muy bien a sus músicos para este “revival”.

“You Keep On Moving”, con recuerdo previo a David Coverdale con quién la compuso,  dejó claro que la Voz Del Rock en este tipo de tesituras sigue siendo sobresaliente mientras la banda clavaba sus partes destacando la labor de Jesper. Ella nos condujo a la animada “Gettin´ Tigther”, la elegida siempre por el bajista para recordar al malogrado Tommy Bolin y en la que Soren tuvo especial protagonismo. Durante la presentación de la misma a Glenn se le vio feliz de haber vivido los setenta, de los que guarda grandes recuerdos no como los ochenta de los que no recuerda nada como se encargó de reseñar, y de seguir “respirando por sí mismo”, tras su época de excesos y dejar atrás sus adicciones. También se declaró muy agradecido de haber compuesto tanta música a lo largo de su larga carrera y de poder compartirla esa noche con nosotros. Sin duda destila felicidad desde hace algunos años y su estado anímico influye muy positivamente en el tinte de sus conciertos donde el “paz y amor” más hippy está muy presente. Pudimos volver a comprobarlo esta noche en el teatro Nuevo Apolo y bien que me alegro.

“Mistreated” siempre es uno de los momentos álgidos no sólo de este tour tocando canciones de Deep Purple sino de cualquier concierto que el británico da en solitario. Esta vez tampoco fue una excepción y, para mí, fue también uno de los mejores momentos de la velada porque tanto la interpretación de Hughes como de sus compañeros fueron brutales acompañados por un sonido cristalino y contundente. Como siempre nos obsequió con un alarde vocal lleno de giros imposibles, inflexiones y subidas de tono estratosféricas que, a su término, desembocaron en que gran parte del público se puso en pie ovacionándole con fervor hasta el punto de emocionarle.

La pena es que, tras esta demostración de poderío, Soren se arrancó con uno de los riffs más icónicos de la historia del Rock anunciando sin remedio que le había llegado el turno a la manida “Smoke On The Water”. Y digo pena no sólo porque sea de la época Gillan y siga pensando que no debería estar en el repertorio, por mucho que interpreten una versión muy cercana a la del California Jam de 1974 o que incluya en su parte final el “Georgia On My Mind” para que la vena más soul de Glenn aflore, sino porque también sabía que era la elegida para abandonar las tablas antes del único bis con el que nos obsequiarían.

Esta vez, a diferencia de su pasada visita a la capital, se dejaron “Highway Star” del Mark II también en el tintero por lo que sin posibilidad real de poder escuchar “utopías” como “Gypsy” o “Lady Double Dealer”, por citar sólo un par de temas que bien hubieran podido tocar y que no desentonarían (más bien lo contrario), únicamente restaba que “Burn” levantara de sus asientos a un público deseoso de desmelenarse literal y metafóricamente según el caso. Llegados a este punto algunos se vinieron arriba y no sólo se levantaron de sus asientos sino que también se fueron hacía el escenario para estar más cerca del grupo o tomar alguna foto con sus móviles con el beneplácito del artista y la organización que, ahora sí, no lo impidieron como si hicieron con algunos atrevidos durante el concierto para no aguar la fiesta a nadie. Buen gesto.

Esto fue lo que dio de sí un concierto que, como ya reseñé en la crónica de su actuación en el Garage Sound del año pasado y le comenté al propio Hughes en una entrevista previa que le hice (y espero tenga a bien responderme en algún momento), pienso que podría habérsele sacado más “chicha” rescatando más temas del Mark III en detrimento de jams, solos y demás improvisaciones. Evidentemente es la opinión de alguien que no disfruta demasiado cuando las canciones se alargan mucho y así es cómo me gustaría que se interpretaran algunas de mis opiniones más críticas de la crónica porque, indudablemente, fue un gran concierto de un artista que sigue tocado por los dioses en directo. Y que nos duré mucho tiempo.

Texto y Fotos: David Ortego   

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