(CRONICA) GUNS´N´ROSES + MARK LANEGAN BAND + TYLER BRYANT & THE SHAKEDOWN – Estadio Vicente Calderón 04/06/17

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GUNS´N´ROSES + MARK LANEGAN BAND + TYLER BRYANT & THE SHAKEDOWN

Madrid Estadio Vicente Calderón 04/06/2017

Nunca digas nunca. Esta popular frase me viene que ni pintada para arrancar la crónica de lo que dio de sí una de las giras más esperada del presente año y, porque no decirlo, para muchos de su vida. También viene bastante a colación aquella que dice “Poderoso caballero es don Dinero” porque Axl, Slash y Duff se están embolsando cantidades indecentes de dinero por haber dejado rencillas aparte para subirse, tras más de dos décadas desde la última vez, juntos a un escenario. De cualquier modo hay quien opina que “vales” lo que generas y la reunión del núcleo duro de la banda genera muchísimo y es más que rentable así que se ganan con creces su caché.

Para los más puristas no era un sueño hecho realidad totalmente porque sólo estaban tres de los cinco Gunners originales y ni siquiera habían contado con Matt Sorum, su baterista clásico, para ocuparse de las baquetas prefiriendo al que ha ocupado este lugar en la banda de Axl, Frank Ferrer. Por desgracia para Steven Adler el pobre no está en condiciones de tocar ni quince minutos como para hacerse cargo de un show de casi tres horas por lo que su exclusión era más que lógica y previsible. Sin embargo ignoro por qué no se contó con Matt pero me hubiera hecho más ilusión verle a él tras los parches que a Ferrer, para qué mentir.

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Lo que si que muchos lamentamos profundamente fue que Izzy Stradlin no se hubiera subido al carro y formara parte de la reunión. En declaraciones del propio Stradlin fue un tema económico ya que no querían repartir el “pastel” a partes iguales entre ellos y esto debió indignar al guitarrista hasta el punto de pasar del tema. Lo dicho, una pena porque la presencia de Izzy si que hubiera aportado un plus de autenticidad a esta reunión ya que no olvidemos que ha firmado muchos de los temas que les hicieron grandes, qué digo grandes, ¡enormes! De cualquier modo estoy seguro que al grueso de asistentes este “detalle” les traía sin cuidado. Richard Fortus le sustituyó (de lejos hasta se parecía un poco al propio Izzy) y, aunque me gustó su actuación en líneas generales, desde luego no fue lo mismo ni parecido.

Como comentaba con un amigo mientras entrábamos al recinto con Tyler Bryant y su banda ya en escena, desde hace ya algún tiempo no se ven en este tipo de macro conciertos teloneros a la altura de la banda principal y la distancia entre ambos cada vez es más abismal. Con esto no quiero desmerecer a Tyler ni, por supuesto, a Mark Lanegan pero estaremos de acuerdo en que los grupos que llenan estadios no se acompañan en sus giras actuales de las bandas de renombre como lo hacían antaño. En el caso de nuestro país es todavía más sangrante este hecho pero bueno, prima lo que la gente quiere ver (Guns´n´Roses) y el resto es secundario para la inmensa mayoría, como quedó demostrado por la reacción del público a sendas actuaciones.

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Sólo pude ver parte de la descarga de Tyler Bryant y, aunque su estilo casaba bastante con el de la banda principal, sinceramente no fueron muchos los que disfrutaron de su propuesta, al menos en mi zona y por lo que pude apreciar. Además, personalmente, me pareció poco acertado tocando tan poco tiempo la forma en que lo desaprovecharon en solos y desvaríos instrumentales en su parte final. Supongo que su estilo deudor de AC/DC en una sala es la “bomba” pero en un recinto como el Calderón su energía se diluyó un poco, amén de que no los conocía prácticamente nadie de los que ya habían entrado.

Aún con todo, la descarga de los de Nashville ganó enteros si la comparamos con la de Mark Lanegan a quién, sin lugar a dudas, tocar a pleno sol en un estadio no le hizo ningún bien porque su estilo demanda otro tipo de condiciones, tanto escénicas como sonoras. De hecho la propuesta del ex vocalista de Screeming Trees, que dejó un perla de su banda madre en forma de “Black Rose Way” a modo de despedida, aburrió y sumió en más profundo sopor a los presentes con cortes lentos que, desde luego, no eran del agrado del respetable. Incluso un sector del mismo, no tan respetable, le dedicó insultos y pitidos deseando que diera paso a Axl y compañía cuanto antes.

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Presentaba su último trabajo, “Gargoyle”, del que descargó “Beehive”, “Death´s Head Tattoo” y la oscura “Nocturne” junto a otros cortes de “Blues Funeral” como “Riot In My House”, “The Gravedigger´s Song” o “Hardborview Hospital” que compartieron protagonismo con los de nuevo cuño. Por si el ritmo del concierto no estaba siendo suficientemente lento se marcó el “Deepest Shade” de The Twilight Singers (banda donde también militó Lanegan) que terminó de matar cualquier opción para que el de Washington saliera “ileso” del Calderón. “Hit The City”, sin la presencia de PJ Harvey como es lógico, completó un repertorio demasiado intimista que no cumplió con la función que se espera de un telonero.

No sé a quién se le ocurrió la idea de que Mark Lanegan era una buena opción para abrir un concierto de los Guns (lo mismo sus colaboraciones con Slash tuvieron algo que ver) pero, al que se le ocurrió semejante locura, que se lo haga mirar porque creo que ni el vocalista, ni desde luego el público, quedaron satisfechos con el resultado. Este artista merece otras condiciones y, seguramente, también otro tipo de público que sepa apreciar su talento tras más de treinta años de carrera.

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Había llegado el momento esperado durante tanto tiempo por muchos, en algunos casos toda la vida literalmente y había varias maneras de afrontarlo. Según como cada uno eligiera hacerlo el resultado final dejaría una impresión u otra. En primer lugar tendríamos al fanático de toda la vida del grupo al que sólo por tener delante a Axl, Slash y Duff tocando los temas que conformaban la banda sonora de su adolescencia y/o juventud ya había merecido la pena el pastizal invertido dándole bastante igual (en el contexto que estábamos lógicamente) todo lo demás. La crítica, del tipo que sea, no tenía cabida porque estábamos antes los Guns and fucking Roses.

Por otro lado tendríamos al sector “hater” más crítico que tiende a poner pegas, tal vez demasiadas, a los conciertos. Reconozco que me siento identificado en cierto modo con este perfil (con matices, eso sí) porque soy bastante exigente con las cosas que voy a ver y, tras muchos años yendo a muchos conciertos, creo que hay que ser crítico con los artistas que, en ocasiones, no se ganan los euros que valen las cada vez más caras entradas que nos venden. Además, comentar conciertos te hace fijarte en detalles que consideras importantes (que para otros no los son) y que marcan la diferencia entre los malos conciertos, los regulares, los correctos y los sobresalientes.

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En el término medio estaría el perfil más “conformista”, por decirlo de algún modo. El que se resumiría con la frase “es lo mejor que pueden hacer en 2017” y que, aún siendo conscientes de los posibles fallos del artista o de las condiciones del evento, son capaces de disfrutar del concierto en sí restándole importancia a estos errores. Chapeau por ellos porque sin duda son los que menos decepciones se llevan.

Por último, en este tipo de macro eventos (mucho más difícil de ver en conciertos en sala) de grupos icónicos aparecen las típicas personas que ni son fan del grupo (aceptemos que conocer cuatro canciones de un grupo no te convierte en fan) ni en realidad tienen demasiado interés por el concierto más allá de para poder decir “yo estuve allí”. De un tiempo a esta parte creo que este tipo de gente ha aumentado su presencia en este tipo de conciertos y, mientras no molesten a los que quieran disfrutar del mismo, ¿quién soy yo para decir en qué se tiene que gastar cada uno su dinero? Allá cada uno aunque esta proliferación nos lleve a tener la impresión de que estas citas sean casi un evento social más que un concierto de Rock. En cierto modo creo que lo son.

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Superado el trámite de los teloneros, aún con bastante gente por entrar por el aspecto que mostraban las gradas y a plena luz del día la imponente pantalla central de alta definición comenzó a proyectar imágenes promocionando el club de fans de la banda mientras nuestros oídos no paraban de escuchar temas de Queen. Obvia decir que el simple hecho de que aparecieran proyecciones provocó cierto revuelo y los móviles salieron de los bolsillos inundando el recinto. Eso, a pesar de que aún faltaban unos minutos para que arrancara el concierto, aunque menos de los que todos esperábamos porque la banda salió once minutos antes de lo previsto pillando a algunos a “contrapié”. Primera diferencia a destacar con los conciertos de “Axl Roses”, al fin la profesionalidad había llegado a la banda y no sólo eran puntuales, sino que salían incluso antes. Lo nunca visto.

Con el estadio hasta la bandera la intro de los Looney Tunes anunciaba que al fin nuestros ojos verían a Axl y Slash juntos sobre las tablas y, sin sorpresas, la fantástica “It´s So Easy” dio inicio al largo concierto que nos tenían preparado de dos horas y cuarenta minutos. La locura se había desatado pero lo cierto es que tanto “It´s So Easy” como “Mr. Brownstone”, y también la prescindible “Chinese Democracy”, sonaron de manera muy deficiente. Demasiado deficiente para el nivel del grupo y el de los técnicos que a buen seguro se encargan de estos menesteres. Resulta increíble que fueran ajustando y arreglando el sonido sobre la marcha, si bien estos ajustes eran más notorios según la parte del estadio donde te encontrases. Las crónicas de Bilbao contaban que allí el sonido lastró prácticamente todo el concierto. Aquí, por suerte, fue mejorando según avanzaba el show (en mi posición tampoco llegó a ser perfecto nunca) pero sigo pensando que no es de recibo lo que pasó en los primeros cortes porque he visto otros conciertos en el estadio del Atleti y han sonado mucho mejor desde el minuto uno.

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Todavía había claridad por lo que no se le sacaba todo el partido posible al gran juego de luces del mastodóntico escenario y a las cuidadas proyecciones que fueron acompañando las canciones, cosa que sucedió en cuanto cayó la noche, pero en líneas generales el montaje y la pirotecnia que desplegaron me pareció muy buena y ayudó a reafirmar la sensación de gran espectáculo que siempre se le presupone a un evento de estas características. Hubo algún comentario echando de menos un montaje más espectacular pero creo que no se les puede reprochar nada en este sentido.

Con un sonido algo mejor el estadio se vino abajo con los amagos de Slash del riff inicial y la presentación por parte de Axl de “Welcome To The Jungle”. Todo el mundo saltando y cantando uno de los temas más famosos de la historia del Rock que, a buen seguro, era uno de los que aquellos que se conocían “cuatro” canciones estaban esperando. No fue la mejor de las interpretaciones pero tampoco les quedó especialmente mal y fue disfrutable. Además, a renglón seguido descargaron otra de las recuperadas y esperadas por muchos, “Double Talkin´ Jive”, que también fue muy bien recibida.

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Como no podía ser de otro modo las pantallas, sobre todo las laterales, enfocaban primeros planos de Axl, Slash, y Duff (en menor medida de este último) y, puntualmente, del resto de componentes del grupo. Lo que me pareció curioso fue que en poquísimos momentos hubo imágenes de ellos juntos y, si se daba el caso, enseguida cambiaban a toda velocidad a un primer plano de alguno de ellos. Esta anécdota da una idea del feeling que hubo entre los miembros originales durante la actuación. Ninguna. ¿Esto es importante? En mi opinión, y a estas alturas de la película, no lo creo porque mostraron en todo momento esa profesionalidad de la que hablaba antes. No son, ni serán, el primer ni el último matrimonio de conveniencia en la historia del Rock así que mientras cada uno cumpla correctamente con su misión pues todos contentos. Hace tiempo que dejé de creer que este tipo de reuniones se hacen por amor a la música y a los fans, como hace tiempo dejé de creer en los Reyes Magos.

Pero, ¿cumplieron con su cometido correctamente? Aquí seguramente haya varias respuestas en función de la exigencia que cada uno quiera tener pero, si se quiere ser un poco justo, (y sabiendo que el tiempo pasa para todos) hay que reconocer que el vocalista fue de menos a más (como el sonido, vamos) y que salvó mucho mejor la papeleta en los temas de los “Use Your Illusion” que en los del “Appetite For Destruction” para desgracia de muchos, entre los que me incluyo. Y aquí daba lo mismo que estuvieras en el Golden Circle que en el segundo anfiteatro porque Axl cantaba igual de bien o de mal sin importar tu situación en el recinto.

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Así, sin dudar, me quedaría con la interpretación vocal del pelirrojo en la brutal “Civil War”, como siempre cerrada con el guiño de Slash al “Voodoo Child” de Hendrix, en “Estranged”, una de las mejores a todos los niveles del concierto que fue celebrada con entusiasmo o en “Coma”, aunque esta última no funcionara en directo tan bien como otras del mismo disco y bajara un poco la intensidad del concierto. Desgraciadamente para olvidar me pareció la ejecución especialmente de “Rocket Queen” y “Nightrain” donde estuvo más que desacertado y quedaron muy deslucidas. Una pena porque son grandes temas pero así fue y me gustaría decir lo contrario pero mentiría. Siempre de menos a más, el resto del concierto lo salvó de manera correcta aunque se ahogara en algún momento puntual como en la parte final de “You Could Be Mine”, por ejemplo.

Aunque en el apartado vocal no le vi tan acertado como relataban las crónicas de otros conciertos que había leído le vi mejor de lo que esperaba y, sobre todo, me gustó su actitud haciendo lo que podía para hacernos recordar lo grande que fue y que, en cierto modo, sigue siendo porque a ver quién sino él iba a conseguir que Slash tocara canciones del “Chinese Democracy”… Ejerció como el divo que es (y que debe ser) con cambios de vestuario casi continuos, con sus típicas caras de loco con la mirada perdida, con sus “carreras” (o paseos) por el escenario e intentando hacer el contoneo con el que se le asocia irremediablemente. Incluso se colgó una bufanda del Atleti que le tiraron unos fans aunque la conexión con el público no fue algo precisamente reseñable.

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En el apartado de cosas que me “sobraron” sin duda entrarían los temas que se marcaron del “Chinese Democracy”. “Better” es horrible, así, sin paliativos y no debería estar en un repertorio de la banda que facturó uno de los debuts más increíbles de la historia del Rock sobre todo cuando se dejaron “My Michelle” (que si sonó en Bilbao) u otras de este trabajo en el tintero. También se podían haber ahorrado la balada “This I Love” que supuso un bajón importante en el ritmo del concierto pero parece que Axl estaba por la labor de dejar constancia de todos los trabajos del grupo e impuso, seguramente, su criterio a los otros dos en discordia.

Otro de los temas controvertidos fue el tema de las versiones, excesivas para muchos (aquí también me incluyo) necesarias para otros tantos. Y no, no me refiero a los pequeños interludios a temas de otros artistas que usaron para introducir o finiquitar canciones. Me refiero a que siete temas de otros artistas tuvieron cabida en el repertorio. No digo que quiten “Live And Let Die”, aunque palideciera según me dijo un amigo con la que el bueno de Paul se marcó el año pasado en el mismo lugar, o “Knockin´On Heaven´s Door”, pese a que tampoco fue de las que mejor cantó Axl y que fue alargada hasta el tedio para que el público cantara el estribillo a petición del vocalista. Estos temas forman parte también de su historia.

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Lo que no entendí fue el momento “Pink Floyd” de Richard Fortus y Slash tocando, codo con codo, una versión instrumental del “Wish You Were Here” en la que, honestamente, quedaron un poco en evidencia porque David Gilmour es otro nivel de guitarrista. Supongo que fue para que Axl tomara aire y descansara para aguantar en condiciones el largo concierto pero me sobró y no hubiera pasado nada si la hubieran eliminado del set.

Sin embargo, para los que somos fans de Soundgarden y de la gran voz de Chris Cornell, resultó emotivo el momento “Black Hole Sun”, con proyecciones específicas para la canción, con el que rindieron tributo al fallecido vocalista días atrás. Además, me sorprendió lo bien que les quedó, muy fiel a la original tanto instrumental como vocalmente, llegando a emocionar y poner los vellos de punta a más de uno y de dos. Bonito gesto este sentido homenaje al genial vocalista americano que aún tenía mucho que ofrecer.

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Así mismo, podríamos dar por bueno el momento en el que Duff se hizo cargo de la voz en solitario para marcarse la versión de los Misfits “Attitude”, precedida por el recuerdo a Johnny Thunders en forma de fragmento de “You Can´t Put Your Arms Around A Memory”. Fue un tema breve pero suficiente como para confirmar lo que muchos pensamos. El Sr. McKagan es el que mejor ha sido tratado por el paso del tiempo (al menos externamente) y mantiene intacta su actitud y personalidad netamente “punk” que siempre aportó al grupo, sobre todo en su debut, además de clavar sus partes instrumentales y “cubrir” al jefe con unos solventes coros. Me pareció necesaria esta cuota de protagonismo del bajista ya que siempre parece estar eclipsado por los egos de la pareja Slash-Axl. Encima fue todo un gesto ver estampado en su bajo el logo del también desaparecido Prince.

He hablado de Axl, ahora de Duff pero, ¿qué pasa con Slash? Está fuera de toda duda que la aportación del icónico guitarrista de la chistera y la Les Paul al sonido de los Guns es inimitable. Su carisma, sus poses clásicas y su sonido pueden intentar ser imitados pero no igualados en feeling y son santo y seña de los californianos. No lo considero un guitarrista especialmente virtuoso pero Guns´n´Roses no necesitan eso sino alguien que sea capaz de componer solos como el de “November Rain” o un riff tan reconocible y adictivo como el de “Sweet Child O´ Mine”. Le hemos visto por nuestro país con su banda (con el magistral vocalista Milles Kennedy de Alter Bridge en sus filas) y su ejecución en esos conciertos me pareció mejor que la del que nos ocupa. Ya digo que su feeling tocando los temas de los Guns es tremendo pero le vi más “fallón” de lo que esperaba aunque nunca ha clavado las canciones en directo.

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Además, se marcó algunas versiones libres en los solos de los temas del “Chinese Democracy” como intentando hacerlos suyos pese a que no lo son. Sea como fuere, tocó bien, llena el escenario y, aunque hubieran estado todos los Gunners originales, sin él no hay reunión posible porque es una parte fundamental e insustituible del combo. Si su otrora “enemigo” irreconciliable se cambió de ropa varias veces, él le dio réplica sacando una innumerable colección de Les Paul, excepto en “You Could Be Mine” que sacó la BC Rich Mockinbird del videoclip y en otro par de temas donde lució una BC Rick verde que me resultó desconocida hasta entonces en él, además de la Gibson de doble mástil y una Guild acústica. Desde luego se vino sin guitarras el amigo Slash…

Pese a todo lo dicho, reconozco que se me hizo bastante largo y pesado su solo empalmado con la clásica versión del tema “Speak Softly Love (Love Theme From The Godfather)” de Nino Rota o, lo que es lo mismo, la parte más reconocible de la banda sonora de “El Padrino”, que arrancó algunos gritos y aplausos al público. Él también necesita ser protagonista y, de nuevo, Axl descansar para seguir con el concierto pero me aburrió un poco este tramo. No creo que fuera el único al que le pasó pero todo quedó en anécdota cuando, sin previo aviso, la popular “Sweet Child O´ Mine” resonó en el Calderón provocando el éxtasis colectivo siendo otro de los momentos álgidos, obviamente, de todo el concierto, manteniéndose el nivel para la mayoría con otra del “Appetite”, la vacilona “Out Ta Get Me”.

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Otro de los momentos más esperados por la concurrencia fue la interpretación de la genial “November Rain” con Axl al piano de cola cuya ejecución, en líneas generales, les quedó muy bien y en la que Slash se marcó uno de sus mejores y más épicos solos mientras Axl y los encargados de los coros iban alternando voces y en cuyo final el vocalista dejó pinceladas del “Layla” de Clapton. Sin duda otro de los momentos más especiales de la noche para muchos.

Llegábamos al final de la parte regular del concierto con la citada versión de Dylan y ese guiño final al gran Alice Cooper con su “Only Women Bleed” y la, inexplicablemente horrosa, interpretación de “Nightrain” por parte de todo el grupo, aunque como decía especialmente mal estuvo Axl en el tema con el que se marcharon unos instantes del escenario.

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Antes de hablar de los bises no quiero dejar de dedicar unas líneas a esos “actores secundarios” que son los compañeros del trío protagonista. Aunque todas las miradas las acaparan los miembros originales no es menos cierto que el resto de miembros de estos reunidos Guns aportan su granito de arena para que todo suene un poco mejor y, en el caso de los coros de Melissa y de Dizzy, las carencias vocales actuales de Axl se noten un poco menos en directo. Dizzy tiene el honor de haber formado parte en casi todas las etapas de la banda aunque, al igual que la chica de pelo azul, Melissa Reese, estuvieran en un segundo plano total casi todo el tiempo. Por su parte Frank Ferrer me parece un baterista correcto pero no me terminó de cuadrar su estilo, ni el sonido de su batería, en algunos temas y algunas partes las tocó como quiso. Por último Richard Fortus fue el que más protagonismo tuvo y le vi acertado a las seis cuerdas aportando energía al grupo pero, como decía antes, la sombra de Izzy es demasiado alargada.

Siguiendo con el concierto por suerte no se hicieron de rogar mucho y el recuerdo a otro músico “caído” como Gregg Allman se materializó en un fragmento de “Melissa” del los Allman Brothers que sirvió como preludio a “Don´t Cry”. En ella, el pelirrojo tampoco estuvo muy inspirado y las proyecciones que usaron para acompañar la canción fueron francamente mejorables (con lo bien que hubieran quedado cortes del videoclip original, por ejemplo…) pero fue cantada hasta por el apuntador así que a nadie pareció importarle lo más mínimo.

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Otra de las versiones que se podían haber ahorrado sin duda fue la de “The Seeker” de los Who, con los que van a compartir escenario en América si no recuerdo mal. Fue un bajón tremendo ya que la mayoría no la conocía y en los bises cortar así el rollo creo que fue un error. Por el contrario, cuando ya pensábamos que en Madrid nos quedábamos sin escuchar “Patience”, porque la estaban alternando con “Don´t Cry” en otras fechas de la gira, la melodía silbada del tema del “Lies” nos dio una alegría a muchos.

Pero si de alegría hablamos, la excelsa “Paradise City” fue el colofón perfecto, con fuegos artificiales incluidos al estilo Kiss al final, desatándose la locura tanto en el público como en la banda que echó el resto con Slash y Duff tomando la parte frontal del escenario (al final se les uniría Axl dando una imagen para la galería) y Axl corriendo por el escenario tanto como sus fuerzas se lo permitían. Daba igual cómo la ejecutaran porque todos sabíamos que era el momento de darlo todo y cantar a pleno pulmón el brillante estribillo de otra las canciones más increíbles de la historia del Rock.

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El sueño había terminado y había que volver a la dura realidad del lunes laborable en el que ya estábamos inmersos, pues pasábamos las doce de la noche, mientras “You Know My Name” servía de nuevo de homenaje a Cornell y nos invitaba a abandonar el estadio. Seguro que muchos se levantaron con ojeras para ir a trabajar pocas horas después pero también con la sensación de haber vivido algo histórico, dejando a un lado cualquier otro tipo de consideración. Ver juntos sobre las tablas a la esencia de la “última gran banda de Rock”, como los llama un amigo mío, creo que es algo que recordaremos todos los que estuvimos esta noche o los han visto en este tour.

Habiendo pasado unos días ya desde la fecha del concierto y tomando cierta perspectiva creo que “ganan” los que opinan que lo que vimos en el Calderón es la mejor versión que Guns´n´Roses pueden ofrecer en 2017. Con sus luces y sus sombras fue un espectáculo digno, bastante mejor que su paso hace 23 años por el mismo sitio en aquel concierto para olvidar, por lo que cuentan los que lo vivieron. No tuve en ningún momento la sensación de estar viendo a una banda que se arrastra por el escenario destrozando su legado. Veremos si las condiciones que rodean a este matrimonio de conveniencia son suficientemente fuertes para mantenerlo unido en el tiempo o volveremos a escuchar la ya famosa frase que da nombre a la gira “no en esta vida”.

Texto y Fotos: David Ortego

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