(CRONICA) IRON SAVIOR + DRAGONHAMMER + AQUELARRE – Madrid – Sala Silikona -12/12/2019

IRON SAVIOR + DRAGONHAMMER + AQUELARRE

Madrid Sala Silikona 12/12/2019

Con el año dando sus últimos coletazos recibíamos la visita de otra de esas bandas alemanas que, aunque lleven más de dos décadas en activo, han esquivado la capital de España vilmente como cabezas de cartel (aunque si hayan venido a nuestro país a lo largo de su historia, sobre todo a festivales). Mismamente el año pasado vinieron pero no salieron de Cataluña por lo que los seguidores madrileños de su Power Metal germano estábamos de enhorabuena.

Apuré lo máximo posible para dejar el engorroso abrigo en el coche pero no contaba con que a la hora del inicio del primer concierto las puertas no estarían abiertas, y no hacía noche para estar “a cuerpo” en la calle precisamente. Meteduras de pata personales aparte, el ambiente no era demasiado halagüeño ya que apenas diez personas esperábamos impacientes entrar, más que nada para guarecernos del frío, pero esto no impidió a Aquelarre mostrarnos todo su potencial. Que no es poco visto lo visto.

Así, con unos veinte minutos de retraso sobre los horarios previstos, la intro de los gallegos fue “lanzada” mientras los músicos tomaban posiciones en el escenario de Silikona. El último en aparecer de entre el público fue el vocalista Icko Viqueira a la par que afrontaban “Jackobsland”, el primer tema que presentaron de su último disco “Suevia”, que copó casi por completo el repertorio. Su presencia esta noche fue extensa dejando en manos de “16:51 P.M. Arcilla y Mármol” y en la coreada a petición de Icko “Guardián” la representación de “Tempo” y de “Requiescat In Pace”, respectivamente.

Mi valoración del concierto debería ir al final pero voy a hacer un “spoiler”. Personalmente, y quitando los problemas de sonido iniciales (sobre todo en el volumen de la voz que era escaso) que se fueron solventando con el paso de los temas, creo que suyo fue el mejor concierto de los tres que vimos. Digo esto independientemente de los gustos de cada uno ya que, lógicamente, el grueso de los presentes estaba allí por la banda de Piet y no para verles a ellos.

¿Motivos? Pues en mi opinión fueron los que más se lo “curraron” y los que mejor actitud desplegaron. Ellos SI llevaban teclados en directo porque su música así lo demanda en un tiempo en que tener teclista parece que está más que sobrevalorado. Su actitud en escena me pareció excelente y, aunque entre el humo y las penosas luces que tuvieron retratarles fuera tarea cuasi imposible, su puesta en escena me pareció muy lograda para sus circunstancias.

De hecho, sacaron una bandera con el dibujo de la portada de “Suevia” que el vocalista ondeó en el tema de mismo nombre y hasta tuvieron pirotecnia (modesta obviamente pero muy efectista) para concluir su actuación. Desde luego ofrecieron mucho más a nivel de puesta en escena siendo los primeros que las otras dos bandas. Sólo puedo alabar este esfuerzo por dar el mejor concierto posible y reconocérselo desde aquí.

Como decía, “Suevia” fue el protagonista casi absoluto de su actuación y de él sonaron también “Aunque Duela Recordar”, “Heroína”, dedicada a esta lacra que hizo estragos hace unas décadas en su Galicia natal, el recuerdo a una mujer clave en la reconquista de Vigo en forma de “Aurora” o la curiosa historia del único caso documentado en el mundo de licantropía sobre la que versa “Romasanta”, donde Icko se atrevió incluso con los guturales mostrando una gran versatilidad. Como se ve la fuente de inspiración para el grupo es de lo más diversa.

Musicalmente también me parecieron muy solventes y sus composiciones lo suficientemente trabajadas y variadas como para que su concierto, aun no conociendo previamente las canciones, no me resultara aburrido. La base rítmica de Ramón Rodríguez y David Castro sonó rotunda mientras que las guitarras de Ramón Viqueira y Cristóbal Otero (también apoyando en los coros) aportaban riffs y melodías a partes iguales. Todo ello sobre un colchón de teclados a cargo de Christian Marco, que incluso tenía partes solistas en muchos de los temas, y cuya labor aportó credibilidad en directo a los mismos. Ya digo, me convencieron pese a conocerles previamente sólo de nombre.

Aunque empezaron con retraso dispusieron casi de cincuenta minutos (que se pasaron volando y que para una banda que abre un concierto no está nada mal) pero el tiempo apremiaba y tocaba poner el punto y final a su interesante descarga. Para ello eligieron “Suevia” (la canción) y echaron “el resto” pidiendo que se abriera hueco en mitad de la sala para que sus guitarristas se bajaran a la pista llegando a tocar hasta de rodillas. Mientras tanto, Icko movía con fuerza la bandera de la que hablaba antes y nos sorprendían con esas efectistas bengalas finales. Lo dicho, muy buen concierto y grata sorpresa la que me llevé con estos ellos.

Con celeridad se realizó el cambio entre grupos y preparar el escenario para Dragonhammer viendo con estupor como Aquelarre se llevaban su teclado y los italianos no sacaban el suyo. Que una banda como ellos, que tienen solos de teclado y hasta “duelos” de este instrumento con las guitarras, no tuvieran teclista en directo (ignoro qué ha pasado con Giulio Cattivera) me parece indignante pero qué vamos a esperar si hasta Rhapsody los ha llevado “enlatados” en su gira de “despedida”…Estamos llegando a unas cotas absolutamente surrealistas.

Esto ya me pareció que iba a lastrar y condicionar por completo mi opinión de su concierto pero lo que ya terminó de “matarme” fue la actitud con la que salió su vocalista Luca Micione. Entiendo que la vida en la carretera es dura (aunque no la haya vivido en carne propia), se duerme poco y mal y todo eso pero salir a un escenario con las mismas ganas con las que me levanto yo un lunes para ir a la oficina es lamentable. Cierto es que fue cambiando algo el “chip” con el transcurso de los minutos pero que el frontman saliera así de desganado empañó la correcta actuación del resto de la banda que, afortunadamente, si mostró algo más de entrega y energía que el amigo Luca.

Con “Obscurity” como último disco hasta la fecha (y que data del 2017) empezaron, precisamente, con el tema que lo abre. “The Eye Of The Storm” y sus teclados iniciales “enlatados” que parecía importar poco al respetable. Mismos problemas con el volumen de la voz que con Aquelarre que, en su caso, tardaron algo más en solucionarse y, de nuevo, unas luces deficientes aunque, por momentos, menos malas que las de sus predecesores. Algo es algo.

El Power Metal italiano tuvo su hueco en mi vida hace varios lustros pero, curiosamente, nunca hice mucho caso a Dragonhammer. Evidentemente a día de hoy su propuesta me interesa más bien poco en estudio así que, tras lo comentado sobre cómo se presentaron, imaginaos en directo. Sin embargo, escuchándoles los días previos al concierto, en estudio podrían tener hasta un pase si eres seguidor de este tipo de estilo porque tienen algunos temas bastante interesantes.

El problema viene cuando ni siquiera me convencieron los cortes de su debut “The Blood Of The Dragon” como la hímnica “Legend”, con coros grabados por mucho que el bajista Gae Amodio cantara a su micrófono (o pareciera hacerlo según el momento porque a veces ni estaba frente a él), “Blood In The Sky” o su clásico “Dragon Hammer”, que sirvió de colofón a su descarga, cuyo nombre pidió el vocalista que fuera coreado a su inicio obteniendo la respuesta de parte de la audiencia.

Aunque Luca mostró muy poca actitud sería injusto no reconocer que cantó bastante bien durante toda la actuación pero, personalmente, los que más me gustó de su concierto fue la pareja de guitarristas. Flavio Cicconi y Alessandro Mancini fueron los que, además de lucirse con su instrumento, mas aportaron visualmente a la descarga con continuo headbanging y posturitas para la galería (lástima de las deficientes luces…). Al menos a ellos sí se les veía motivados, e implicados, con una actuación que fue de menos a más.

Con la excepción de “Seek In The Ice” perteneciente a su anterior “The X Experiment” (también estaba prevista “Fear Of A Child” del mediocre “Time For Expiation” pero se cayó del repertorio supongo que por falta de tiempo) el resto de los temas corrieron a cargo de “Obscurity” y he de reconocer que funcionaron bastante bien si obviamos los “pequeños detalles” mencionados de pregrabados y demás.

De este modo sonaron “Fighting The Beast”, “Under Vatican´s Ground” que, pese al “tufillo” inicial al “Blood Of The Kings” de Manowar, gustó bastante, “Children Of The Sun”, ese solo grabado de teclado en su mitad fue para enmarcar, o la que da nombre a su última entrega discográfica, de nuevo con unos coros más que “sospechosos”. Vamos, que presentaron “Obscurity” como si hubiera salido el mes pasado teniendo en cuenta que tocaron nueve canciones.

Sin tiempo para más, la citada “Dragon Hammer” cerró una actuación que, en mi opinión, dejó mucho que desear por todo lo comentado. De verdad, si este tipo de grupos no son capaces de hacer el esfuerzo por intentar reproducir las partes de teclado en directo la opinión de sus conciertos nunca podrá ser positiva. No es cuestión de llevar una orquesta sino, simplemente, de ser un poco serios. Sé que es predicar en el desierto pero si no se es crítico ni con esto, pues apaga y vámonos.

Con un ambiente en la sala apreciable, no para tirar cohetes pero menos lamentable de lo que a priori esperaba, aparecieron los miembros de Iron Savior para realizar ellos mismos el cambio y los últimos ajustes mientras sonreían o saludaban a los seguidores de las primeras filas que se dirigían a ellos. No éramos demasiados pero las circunstancias parecían estar de su lado para dejarnos con un gran sabor de boca.

En primer lugar se notaba que había gente muy motivada con el concierto de los germanos y, sin duda, esta entrega siempre ayuda a que los grupos den lo mejor de ellos mismos. En segundo lugar, y aunque iban con cierto retraso, Silikona no tiene ese encorsetamiento horario tan estricto por lo que esta demora, y el consiguiente temor que siempre nos sobrevuela en otras salas de la capital, aquí no debería impedir que el grupo tocara todo lo que tuviera pensado. Y, al hilo de esto, esta es la última circunstancia que quiero resaltar. Los de Hamburgo llevaban un repertorio lo suficientemente extenso como para cumplir (e incluso superar) mis expectativas para una banda con tanta solera.

Suelo ser siempre crítico con horarios de salas y, sobre todo, con decisiones de promotores que perjudican la actuación del grupo principal (si, ese al que normalmente la agente ha ido a ver y por el que han pagado su entrada) pero esta vez nada de eso afecto a mi decepción con la actuación de Iron Savior. Esta vez toda la culpa, bajo mi punto de vista, recayó en un grupo que no supo entender la diferencia entre ser cercano, ameno o simpático, con destrozar el ritmo de un concierto que prometía bastante y que se quedó en un “lo que podría haber sido y no fue”. Si, otra vez.

Y mira que arrancaron con fuerza (eso sí, con poco “glamour” porque ni intro ni tan siquiera se bajaron del escenario para empezar el concierto tras los ajustes comentados) de la mano de dos trallazos como “Way Of The Blade” y la gran “Starlight” que sonaron bastante bien y que ya calentaron de lo lindo a un público muy por la labor de pasarlo bien. De hecho, hasta las nuevas como “Roaring Thunder” y “Kill Or Get Killed”, esta última la tuvieron que volver a empezar (se lo tomó con humor Piet) porque el baterista finlandés que les acompañaba se equivocó, fueron recibidas bastante bien.

Lo tenían, como decía, todo “de cara” para triunfar pero empezaron las bromas del bajista Jan-Sören Eckert sobre la excesiva sudoración del líder del combo y la cantidad de veces que tenía que secarse la calva (es de coña que tuviera que secársela desde la primera canción pero bueno, fue muy pesado con este tema innecesariamente), las explicaciones del propio Sielk sobre que tenía que secarse las orejas porque sudaba tanto que podía romper sus “inears” o las “gracietas” del bajista con algunos asistentes de la primera fila sobre las hojas escritas a mano con partituras (¿de verdad no te sabes tus canciones?) y el ritmo del concierto cayó en picado con los parones entre canciones. Al principio provocaban risas sus comentarios pero al hacerse tan recurrentes a mí terminaron por cansarme.

Prosiguieron con “Gunsmoke” de “Titancraft”, donde nos pusimos el sombrero de cowboy como dijo Piet, la también nueva “Beyond The Horizon”, con gran trabajo del baterista, o la festiva “Never Stop Believing” antes de afrontar uno de los momentos álgidos del concierto con la gran “Hall Of The Heroes” de “The Landing” que, junto al último disco que venían a presentar, fue al que más recurrieron esa noche.

De hecho siguieron perseverando en este trabajo, tras saltarse “Heroes Ascending” que debería haber sido la siguiente, con la celebradísima “The Savior” y el momento de comunión entre la banda y público en forma de una “Heavy Metal Never Dies” alargada hasta la náusea con el manido recurso para adolescentes (y esa noche había pocos o ninguno en la sala) de separar al público en dos y hacernos repetir el título innumerables veces resultando cansinos a más no poder pese a que Piet lo hizo con bastante gracia.

Puedo asumir todas estas cosas como parte del show pero no hay que olvidar que se habían saltado ya una canción por lo que un poco de mesura en la pérdida de tiempo tampoco habría estado de más creo yo. Por eso no daba crédito cuando el fundador del grupo nos anuncia que no tienen mucho tiempo y le quedan tres canciones por tocar. ¿Perdón? ¡Pero si les quedaban cinco según su propio repertorio! Ver para creer.

Así arrancaron la recta final con “Legends Of The Glory”, la última que presentaron de “Kill Or Get Killed”, dejándose en el tintero “Revenge Of The Bride” para pasar directamente a otro temazo como “Breaking The Curse” (muy rollo Accept con las guitarras de Piet y Joachim Küstner atronando) y anunciar que “Atlantis Falling” de su debut era la última que iban a tocar. Ni que decir tiene estas dos últimas fueron recibidas con un gran entusiasmo por los más veteranos del lugar pero lo que iba a pasar a continuación me iba a dejar sin palabras. Bueno, palabras que decirles tenía, pero ninguna “bonita”.

En lugar de tocar “Eternal Quest” (la última en teoría y que tiene hasta videoclip), o cualquiera de las propias que no habían sonado, les pareció una buena idea cerrar con, atención, una versión que nunca nadie ha tocado en directo jamás (nótese la ironía). Por increíble y absurdo que me parezca “Breaking The Law” fue la que puso el punto y final a sus noventa minutos (para quince temas, lo que da idea del ritmo “vertiginoso” del concierto) dejándome una sensación más negativa que positiva. Probablemente peor de la que habrían merecido. ¿Era necesario con más de diez discos tocar una versión? Vale, yo creo que no pero es su concierto. ¿No había otra menos manida con todas las que han grabado? A esta pregunta no hay duda posible en la respuesta. En fin…

Me da rabia porque los sigo desde sus inicios y sus discos han mantenido un nivel bastante alto a lo largo del tiempo pero creo que desaprovecharon una gran oportunidad de compensar a su público madrileño por su prolongada ausencia. Otra vez será pero esperemos que no tarden tanto porque no son unos chavales precisamente.

Texto y Fotos: David Ortego

 

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