(CRONICA) KAELAN MIKLA + SOME EMBER – Madrid – Sala Wurlizter – 12/02/2019

KAELAN MIKLA + SOME EMBER Madrid Sala Wurlizter 12/02/2019

El trío islandés Kaelan Mikla volvía a nuestro país para presentar su nuevo trabajo “Nótt Eftir Nótt” que las vuelve a revelar como una de las formaciones, de nuevo cuño, más interesantes y a tener en cuenta en lo que al Dark/Cold Wave se refiere. Se etiquetan así mismas como Synth Punk pero dentro de sus variopintas influencias sonoras podemos encontrar más matices que exclusivamente la parte “synth”, proveniente lógicamente de los teclados, y la “punk” que podría asociarse al bajo fundamentalmente. Para ir ambientando la velada les acompañaba el músico de Oakland (actualmente afincado en Berlín) Dylan Travis o, lo que es lo mismo, Some Ember.

Nunca había entrado a la Wurli tan pronto como en esta ocasión y, de hecho, la apertura de puertas se tuvo que adelantar media hora sobre los horarios iniciales ya que, según me comentaron, luego había otro evento programado. Esto propició un escrupuloso cumplimiento de los horarios establecidos y que todo terminara a una hora más razonable (sobre todo para los que madrugamos al día siguiente) que a la que nos tienen acostumbrados por norma en la sala. Ambas circunstancias las celebré con entusiasmo, la verdad.

Con no demasiado público reunido y todo dispuesto en el escenario salió un maquillado Dylan, con demasiadas capas de ropa (que tuvo que irse quitando para no morir de un golpe de calor), en plan “Juan Palomo” (él cantó, bailó, programó las bases, tocó ese mini teclado que llevaba,…) para amenizar la espera hasta la aparición de Kaelan Mikla, aunque su teclista presenció desde un lateral parte de su performance. ¿Tal vez para inspirarse y plasmar alguna idea que emplear en un futuro para sus trabajos en solitario o con sus compañeras? Quién sabe.

Poco más de media hora duró la actuación de Some Ember pero desde luego Travis la aprovechó y sacó todo el jugo posible porque no hubo momento para el respiro, salvo para dar las gracias o preguntar si estábamos pasándolo bien obteniendo algunos gritos de aprobación por parte de un sector del todavía escaso público. El resto de su escueta actuación fue francamente frenética y al artista parecía que le hubieran conectado a una máquina de descargas eléctricas por los bruscos movimientos con los que acompañaba a su música y las líneas vocales que, en líneas generales, me gustaron bastante.

Con su Ep “Submerged” aún “calentito” (el pasado enero vio la luz) el artista interpretó cortes del mismo como “Revealed” o “Peace Of Mind” junto a otros de su también reciente “Sumerging Into The Sun” como “Sick In The Garden” o “Meaning Is Deprecated” que fueron recibidos con más expectación que entusiasmo. Pese a todo, poco a poco, la gente se fue metiendo en su concierto y los últimos temas, algo más movidos y donde destacó “Flowers Open”, calaron más en la audiencia.

Personalmente también fueron los que más me convencieron aunque reconozco que hubiera preferido ver a Some Ember en alguna de sus encarnaciones anteriores ya fuera en formato dúo con Nina Chase o con una banda más “al uso”. No obstante cumplió con su función, en el poco tiempo del que dispuso, y pocas pegas se le pueden poner.

Como ya estaba colocado el teclado y la caja de ritmos, ambos en manos de Sólveig Matthildur, el cambio entre bandas consistió en Dylan retirando a toda velocidad sus “bártulos” con la ayuda del “pipa” de Kaelan Mikla y, como todo era fácil de meter en su correspondiente maleta (curioso que una de ellas llevara una pegatina gigante de Bernie Sanders President 2016), en apenas quince minutos todo estaba listo para recibir de nuevo en la capital al trío de Reikiavik.

Con algo más de la mitad del aforo completo (que para ser un martes y el tipo de música en cuestión no me pareció una mala entrada) y bastante expectación aparecieron en escena Margrét, Laufey y Sólveig, siendo recibidas con una salva de aplausos, para iniciar un concierto que más pareció a una especie de ritual por la forma en que se desarrolló.

De entrada Laufey Soffia iba con un vestido largo blanco y con su cabeza cubierta por una especie de velo negro semitransparente que la confería un aspecto, cuanto menos, peculiar. Mientras tanto, sus compañeras iban algo más “discretas” aunque con un maquillaje donde las sombras negras contrastaban con sus pálidas teces. Parece que con el paso del tiempo han ido aumentando el grado de teatralidad de sus directos hasta irles dando esa forma en concreto. Sin duda han evolucionado musical y visualmente tratando de aportar una imagen acorde con lo que su música intenta transmitir.

Mientras la teclista se arrancaba con los primeros sonidos y voces de “Gangreið” la vocalista prendió una barrita de incienso para ir creando el ambiente que consideraban necesario crear. Eso, y la petición de apagar los ya de por si escasos focos que las iluminaban tenuemente, contribuyó en gran medida a ello. El resultado fue una sala prácticamente a oscuras donde sólo los flashes de cámaras y móviles, junto con unos haces blancos que iluminaban parcialmente sus rostros, nos dejaban ver lo que pasaba en las tablas.

Dejaron claro que la confianza en su nuevo material es absoluta porque durante la hora que estuvieron sobre el escenario desgranaron todos los cortes de “Nótt eftir nótt”, aunque no los tocaron ni en orden ni todos seguidos puesto que entre ellos fueron intercalando algunos de los mejores que forman parte de trabajos pretéritos. Sin duda, aunque corto, fue un repertorio elegido a conciencia con la intención de mantener un ritmo adecuado y lograr el equilibrio entre los temas más evocadores y los más “bailables”, por decirlo de algún modo.

“Nornalagið” huele a clásico absoluto pese a ser nueva y no desentonó lo más mínimo entre temas de “Kaelan Mikla” como “Óráð”, el primero de los temas donde la vocalista más que cantar recita sus pensamientos, la fantástica “Kalt” (una de las favoritas del grupo con razón) con presencia notoria del bajo de Margrét Rósa y la voz de Laufey en tesituras chillonas y estridentes que, sin embargo casan a la perfección con la música, o “Upphaf” y su fantástica melodía de teclado que te atrapa.

La gente estaba encantada con lo que el combo estaba ofreciendo y, pese a que sus composiciones no son enrevesadas ni complejas (más bien me parecen bastante simples) está claro que tienen ese “algo” que te atrae y te hace querer escucharlas en bucle. Además me gustó mucho el hecho de que, obviando la caja de ritmos, todo lo demás lo recrearon ellas tres en directo. Aquí debo mencionar el buen conjunto de voces de apoyo a la de Laufey por parte de sus compañeras que recrearon a la perfección los matices vocales de las canciones. Sobre todo gran aportación a este respecto la labor de la teclista.

“Nӕturblóm”, otra de mis favoritas de su último disco y que sonó grandiosa, con esa parte final absolutamente bailable que el respetable aprovechó para lo propio dio paso a la “robótica” “Skuggadans” con la voz de Soffia de nuevo en registros chillones cantados a quince centímetros del micrófono antes de que la citada “Upphaf” nos devolviera a su anterior trabajo de nuevo.

A estas alturas de la película Kaelan Mikla había conseguido transportar a todos (o casi, que siempre hay excepciones) a su helada tierra y daban las gracias tímidamente al público por la asistencia, su calurosa respuesta y sus ovaciones que iban aumentando en intensidad según transcurría el bolo. A ellas se las veía complacidas por este hecho y mostraron sonrisas apreciables en sus hieráticos rostros mientras seguían, sin pausa, presentando más canciones nuevas como “Hverning Kernst ég upp?” o la marcial “Andvaka” con la sala ya totalmente volcada con ellas.

Llegados a este punto la vocalista, que se había despojado temas antes del velo negro con el que salió, anunció que les quedaban dos temas para terminar para sorpresa de algunos y decepción de todos. Siguiendo con la filosofía del concierto apostaron por finiquitar la presentación de su último disco con el tema lento que le da título, pura poesía de alma torturada recitada al viento con fervor, y se despidieron con el corte que cierra “Nótt Eftir nótt”, la evocadora y delicada “Dáið er alt án drauma” marchándose en medio de una brutal ovación.

Apenas segundos fue lo que tardaron en volver a aparecer para rubricar una corta pero buena descarga de manos de otro de los temas favoritos del grupo. En la celebrada, y levemente alargada, “Glimmer og Aska” recayó tal honor y con ella, ambientada además con un polvo que sopló Laufey al comienzo del mismo, finalizaron un concierto que, obviando la duración, creo que dejó a todos satisfechos.

Es sorprendente como practicando un estilo “a priori” tan “frío” como el que las define, y con el hándicap evidente de cantar en su idioma (que dudo que nadie de los presentes dominara), fueran capaces de lograr esa conexión con la mayor parte del respetable. Está claro que la música, cuando es de calidad, no entiende de idiomas ni de estilos y es capaz de transmitir emociones, aunque sean tan oscuras, rabiosas y melancólicas como las que los textos de las islandesas proclaman. En este aspecto Kaelan Mikla salieron triunfantes y eso, sinceramente, es lo más complicado. Me quito el sombrero ante estas tres jovencitas cuyo concierto, con dos o tres canciones más, habrían logrado elevar a la categoría de sobresaliente. Tal vez en su próxima visita.

Texto y Fotos: David Ortego

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