(CRONICA) LA TRAMPA – Sala Independance – Madrid – 21/2/2019

LA TRAMPA Sala Independance Madrid 21.12.2019

El último concierto marcado en mi agenda particular para el 2019 sorprendió a algunos de mis amigos, aunque no debería, pues ellos saben que le doy a muchos y muy diversos estilos musicales. Supongo que el hecho de que varios temas de La Trampa llegaran a lo más alto de la lista de los 40 Principales para algunos podría ser sinónimo de música comercial e intrascendente. Sí y no. Comercial desde luego pero, en el caso que nos ocupa, para nada intrascendente.

Hablamos de los primeros noventa y no del año pasado y, desde luego, en aquellos años en la Radio Fórmula sonaban temas de enorme calidad en los que esta se daba la mano con la comercialidad, bien entendida eso sí, no siendo sólo un adjetivo para definir música para las masas y el consumo rápido. No en vano, “La Calle De Los Sueños Rotos”, el trabajo que iba a ser homenajeado por Pablo Perea en su vigésimo quinto aniversario posee tal calidad que ha aguantado el paso del tiempo sin perder un ápice de vigencia. Cuando un disco es bueno suele suceder esto y el cuarto trabajo de La Trampa lo es a rabiar. Lástima que, aunque el tiempo pone todo en su sitio, en 1994 no todos opinaran lo mismo…

Me pareció una gran iniciativa las diferentes opciones que se daban a la hora de adquirir la entrada ya que, además de la misma, se podía optar por comprarla con camiseta del evento y/o con el disco homenajeado que ha sido reeditado (está descatalogado) en una limitada y escasa tirada de cien unidades (con tema extra) a un precio muy asequible. Es cierto que el canje de estos productos iba lento y ralentizó bastante la entrada de la gente pero, personalmente, considero positivos este tipo de gestos.

Había bastante expectación entre el público por recordar canciones de su juventud (lógicamente el grueso de asistentes no cumplía los cincuenta y había hasta niños en la parte de delante) y la espera desde la apertura de puertas hasta el inicio del concierto, que se demoró además un cuarto de hora sobre el horario previsto pese a estar todo listo, se hizo un poco pesada pero había que dar tiempo para que la gente recogiera el disco y la camiseta.

Buscando los horarios de la actuación esa misma tarde leí un dato sobre el evento en la información del promotor que no había visto y que me dejó bastante intranquilo ya que hablaba de “un cambio en su forma de entender esas viejas canciones, una actitud renovada y más acorde a sus gustos y evoluciones personales”. Sé que no todo el mundo opina como yo (empezando por el propio Perea) pero soy de los que les gusta que las canciones en directo suenen con la mayor fidelidad posible respecto a la original y no soy amigo de las “adaptaciones” o versiones “libres” de los temas. Afortunadamente ese cambio en la forma de entender esas viejas canciones respetó, en la mayoría de los casos, su “esencia” y fueron muy disfrutables ya que tanto Pablo como sus acompañantes sobre el escenario rayaron a un altísimo nivel tanto instrumental, como vocal.

El concierto arrancó de un modo algo “extraño” con una pequeña parte instrumental a cargo de Juanjo Melero (este enorme guitarrista no necesita presentación) y del teclista Pau Álvarez (viejo conocido ya que forma parte de la banda del gran Rafa Martín) que me sorprendió al hacerse cargo del violín por primera y última vez esa noche. Ya con la base rítmica formada por Augusto Hernández y Pablo Santiz sobre las tablas, al bajo y batería respectivamente, apareció Pablo Perea recibiendo la ovación y el cariño de sus incondicionales mientras empezaban el concierto propiamente dicho, para sorpresa de todos, con la lenta pero sublime “Tentación” enmudeciendo la sala. No me lo esperaba para nada y, aún siendo uno de mis temas favoritos del disco y de la banda, me descolocó oírla tan pronto. Hay que echarle valor para empezar con un tema así, lo reconozco.

A partir de aquí, y durante las más de dos horas que duró la actuación, desgranó desordenadamente pero en su totalidad, cómo se prometía, “La Calle De Los Sueños Rotos” y otros temas de La Trampa e incluso de su carrera en solitario porque, como comentó entre risas en una de sus intervenciones, el disco dura algo más de cuarenta minutos y había que tocar dos horas. Eché en falta, como seguro le pasó a más gente, algunos temas (en especial me fui con la espinita clavada de no escuchar “Amor De Ciudad”, qué le vamos a hacer) pero, en líneas generales, me gustó y pareció acertado el repertorio.

Los primeros acordes de “Nadie Más Que Tú” encendieron a los presentes de forma definitiva poniéndonos a saltar y cantar como si fuéramos unos críos y para cuando arremetieron con “Saltad Sin Red” las quinientas almas allí congregadas ya estábamos rendidos ante el bueno de Pablo Perea porque, más allá de algunas variaciones vocales en las canciones y de que leyera las letras en un Ipad, su personal voz sigue en un estado excelente. Además se mostró muy cercano y simpático buscando en todo momento la conexión con la audiencia. Era la primera vez que le veía y me convenció totalmente como frontman.

Tras un pequeño parón que aprovechó para saludarnos, hablar de lo importante que fue y es “La Calle De Los Sueños Rotos” para él y lo que le siguen gustando a día de hoy esas canciones que compuso cuando era un chaval aprovechó para recordar que la siguiente que iba a sonar, “El Culpable Fui Yo”, fue el primer single del disco y como “torcieron el morro” en la emisora de Joaquín Lucky al escucharla. De verdad, no logró entender cómo es posible que este tema no fuera del agrado de compañía y emisora pero así nos lo contó. Uno de esos fenómenos inexplicables que hay en la música.

La ¿autobiográfica? “Miénteme” fue presentada con sorna antes de dar cancha al fantástico “Bailando Rock´n´Roll” con la alargada para que cantáramos “Al Lado De Ti” y, para mí, otra de sus mejores canciones como “No Te Rindas”. Precisamente este ha sido el tema elegido para ser regrabado e incluirlo en la reedición de “La Calle De Los Sueños Rotos” que se podía adquirir exclusivamente en este concierto. Aquí he de decir que la versión ejecutada no le hizo ni por asomo justicia a la original. Y eso que no interpretaron la versión de la reedición y, aunque cambió algo la letra y la música, al menos no se pareció a lo que ha “perpetrado” en ella porque, y ya lo siento, me parece que han destrozado una gran canción. Al menos siempre nos quedará la original.

No dejó pasar la oportunidad de agradecer a la gente que había hecho muchos kilómetros para estar allí ese esfuerzo o aprovechar para dedicar canciones como fue el caso de “Ni Tú Ni Yo”, cuyo beneficiario fue Kiko de Mallorca, de su disco de 2012 “Las Botas Gastadas” que tuvo bastante protagonismo en su repertorio. De hecho tuvo más del que esperaba pero, como es un trabajo notable, ningún problema.

Tras este paréntesis volvimos a recalar en el disco homenajeado con “Esclavo De La Soledad”, que nunca había tocado en directo por lo que su interpretación fue un momento especial de la descarga, y “Cuando Duerme La Ciudad” antes de dejar una pincelada de su disco en solitario “Todo Va Bien” de la mano de “Nunca Fuimos Ángeles”, bastante celebrada dejando claro que la gente ha seguido la carrera de Perea más allá de La Trampa.

La preciosa balada “Que Quedo Yo”, con gran protagonismo del teclado de Pau, desembocó en la rockera “Mi Perdición” que volvió a subir la intensidad del concierto tras esos minutos de tranquilidad. Intensidad que no decayó ya que la había llegado el turno al tema que abría y daba título a esa joya que cumplía un cuarto de siglo. Este tema fue otro en los que más me “fastidiaron” las variaciones respecto a la original que hicieron, incluido ese desarrollo instrumental de Juanjo Melero que la alargó innecesariamente en mi opinión y el pasaje recitado por Pablo, y que, aunque mantuvo la esencia, no me puso los pelos de punta como si lo hace cuando pongo el disco en mi casa. Respeto lógicamente lo que dijo el vocalista sobre que no le gusta dar dos veces el mismo concierto, la evolución personal del artista y todo eso pero cuando algo es inmejorable no le veo mucho sentido a “tocarlo”.

Con ella se marcharon unos minutos del escenario para volver únicamente Pablo quien, acompañado por su guitarra, dedico la emotiva “De Aquí A La Eternidad” a una pareja siendo ovacionado a su término. Con Juanjo ya acompañándole en escena se marcaron una adaptación muy diferente (y para mi gusto peor) del tema que menos me gusta de “La Calle De Los Sueños Rotos” y la última que les faltaba por tocar del mismo. Así, una descafeinada “Subiendo (A Un Tren Sin Destino) puso fin a la interpretación de ese increíble disco pero no al concierto.

Salieron el resto de músicos a las tablas e invitaron a Antonio Ortega (pianista, cantante y amigo de Pablo) a sumarse a ellos para cantar el único tema que rescataron, curiosamente, de su disco más exitoso. La que daba título a su segundo trabajo “Volver A Casa” fue la elegida y, como otras que habían sonado esa noche, fue número uno en los 40 Principales en su momento. No sé por qué fue la única de este trabajo que tocaron porque no hubieran sobrado “Una noche Más” o “Acércate y Bésame”, la verdad.

Mentiría si dijera que el ritmo en la parte final del concierto no decayó bastante con estos parones porque así me lo pareció totalmente. Lo malo es que siguió esa tónica ya que apareció José Bulevar para, de manera totalmente improvisada (eso fue lo que dijeron aunque ya la habían tocado juntos anteriormente), tocar un tema de su banda (si, no uno de La Trampa sino uno del debut de J. Bulevar). “Marcarse Un Farol” fue la elegida, alargada en exceso sin demasiada lógica para mí, dejándome la sensación de que podrían haber aprovechado ese tiempo para tocar alguno de los muchos temas de La Trampa que no sonaron y que podrían perfectamente haberlo hecho. Lástima.

Llevaban más de dos horas y el tiempo se les echaba encima por lo que una coreada “Tras Las Huellas De Mis Pies” de “Las Botas Gastadas”, y que alargaron para mí gusto de nuevo en exceso por muy bueno que sea su estribillo, puso el punto y final a este concierto aniversario que para mí empezó mucho mejor que como terminó por todo lo explicado.

Sea como fuere fue un placer escuchar todas y cada una de las canciones que forman parte de “La Calle De Los Sueños Rotos” y comprobar que el tiempo no pasa por él y que veinticinco años después sigue siendo una obra maestra del AOR, del Pop Rock, o, a secas, de la música española. Una pena que no se viera así en su momento pero una suerte que Pablo Perea haya decidido hacerle este homenaje para reivindicarlo y, de paso, reivindicarse como el gran compositor que es.

 Texto y Fotos: David Ortego

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