(CRONICA) Lacrimas Profundere + Insight After Doomsday – Madrid – Sala Silikona – 15/11/2019

Lacrimas Profundere + Insight After Doomsday

Madrid: Sala Silikona

15/11/2019

Por Alberto García-Teresa

Una buena banda en directo no es solo aquella que ofrece una gran descarga cuando tiene las cosas a su favor. Una buena banda en directo también es aquella que sabe encarar las dificultades y ofrecer un buen concierto salvando los obstáculos.

Lacrimas Profundere (o, más bien, Oliver Nikolas Schmid; el factótum de la banda, fundador y único miembro original) está saliendo de un notable maremoto. Los continuos cambios de formación les han llevado, de hecho, a que el último disco (su reciente y destacable ‘Bleeding The Stars’) se grabara con un conjunto estable de tres miembros (Oliver con todas las guitarras, Julian Larre como nuevo cantante y la recuperación de Dominik Scholz a la batería) junto con Benny Richter de nuevo como teclista de estudio y un músico de sesión como bajista. Las composiciones de sus últimos discos, en cualquier caso, desde mi punto de vista, no se han resentido de esa inestabilidad y sigo considerando que prosiguen construyendo una trayectoria más que interesante musicalmente dentro del espectro gótico menos pesado.

Esa noche, la situación era complicada también por la mala entrada del acto. Alrededor de 70 u 80 personas acudieron al concierto de la veterana banda. Parecía que el frío de esa noche se había introducido en la sala, porque el ambiente del local estaba francamente desangelado cuando arrancaron su descarga Insight After Doomsday, los teloneros.

Poco más de una veintena de personas al inicio del concierto de los catalanes, aunque se duplicó el número de asistentes tras su breve actuación. Iniciaron con “Misery” casi como en un ejercicio de calentamiento. Pero rápidamente conectaron con el público y se engancharon con la trepidante “Revolution”, marcada por los sintetizadores en primer plano de Jordi Pascual, y que sonó mucho más potente que en disco.

Al respecto, cabe especificar que el sonido en la Sikilona fue aceptable. El escenario, casi a ras de suelo, y ese pequeño número de público, ciertamente, incitaba a arrimarse y arropar a la banda, por lo que casi nos situamos la mitad del público por detrás de las pantallas de sonido. En cualquier caso, los grupos se oyeron decentemente, aunque bastantes temas de Insight sonaron de una manera excesivamente gruesa y se perdía parte de la emotividad que sus composiciones desprenden.

Al respecto, la música de Insight After Doomsday se mueve entre el death melódico más industrial, el metal gótico con más apoyo electrónico, el metalcore y cierto Groove, con lo que no se mueve en una única dirección. Particularmente, creo que les falta definición a esos temas.

Ya bien metidos todos en el concierto, público y banda, atacaron “My Shelter”, single de su ‘Events of Misery’; su último plástico y en el cual se basó su repertorio. “The Sigh” supuso un parón con su ritmo más lento e intenso, que permitió más exhibición de Eric García con el bajo y Ricardo Estrada con su guitarra. Con mucha energía, atacaron “Rise Doomsday Breed”, en el que Víctor Leo marcó con rotundidad el ritmo con la batería, en uno de los temas donde más cera les da a los parches. La siguió “Last Letter Home”, perteneciente a su disco de 2014, ‘The Way to Nihilism’, y  recuperaron “Who’s to Stop Me” para despedirse; un tema en el que pierden pegada aunque amplían espectro (hasta algún fraseo de hiphop se coló).

Sin embargo, la organización les dio oportunidad de entregarse unos minutos más. Y nos propusieron un cover: “Say Just Words”. La versión del clásico de Paradise Lost fue la canción más celebrada por el público (como era de esperar, pero, ay, qué lástima que siempre ocurran estas cosas…). Como nota destacable, quiero señalar el gustazo de poder escuchar esa canción tocada íntegramente en directo gracias al teclado y el sintetizador de Jordi, como no ocurre con mis adorados Paradise Lost, por otra parte.

Concluyeron esa buena descarga con otra versión. Esta vez, el “Maniac” de Flashdance que también cierra su ‘The Way of Nihilism’. Con su ritmo juguetón, su acelerada y potente interpretación le dio una dimensión estupenda al tema. “Una canción divertida para levantar el ánimo entre tanta mierda”. Así nos la presentó José Fernández (guitarra y voz; buen frontman) y, en efecto, así fue recibida por el público antes de despedir calurosamente a la banda.

A pesar de la adversidad, como decía, Lacrimas Profundere ofrecieron un buen concierto. Aunque habría que matizar varias cuestiones. Por un lado, hay que incidir en la entrega, la pasión y la arrolladora actitud de Julian. Realmente, es él quien lleva adelante la banda en vivo. Sorprende, cuanto menos, la versatilidad de su voz cuando canta mientras no para de saltar, moverse, abalanzarse sobre el público… mientras masca chicle. Por otra parte, sin embargo, las líneas pregrabadas son excesivas porque, no solo se ciñen a los múltiples teclados (cuyas melodías son fundamentales y están en primer plano en muchos de sus temas), sino que llegan al escándalo cuando algunas segundas voces y coros ¡también estaban grabados! Creo que urge que la banda contrate un teclista fijo para las giras.

Hace dos años que Lacrimas Profundere habían pasado por esta misma sala (a pesar de que a Julian –quien no estaba entonces en el grupo, eso sí– se le piró y nos contó, entusiasmado, que era la primera vez que tocaban “aquí, en Madrid”). Julian se volcó con el público. Parloteaba sin cesar, muchas veces en un castellano mexicanizado con el que pudo lograr, de hecho, que la camarera de la barra le acercara una cerveza. Se movía con frenesí, animando, jaleando, dando el micro al público y, no en vano, varias veces se bajó del escenario (del escaloncito, todo hay que decirlo) para cantar junto a nosotros. Sin duda, fue el auténtico epicentro del escenario. No en vano, Oliver se limitó a disfrutar con un rostro entrañable y a dar continuas señales de agradecimiento.

La actuación comenzó con “Dead to Me”, un tema que han ido alternando en el resto de la gira con “Awake” como arranque. También marcaba ya una pauta: el grueso del repertorio se articuló con el material de los dos últimos álbumes: ‘Antiadore’ y ‘Bleeding the Stars’. A pesar de ello, casi diez años atrás retrocedimos con el segundo temazo, “Her Occasion of Sin”, que ya evidenciaba la capacidad de Julian para conectar con el público. La emotiva “Like Screams in Empty Halls” nos puso los pelos de punta, que contrastó con el dinamismo de “Remembrance Song” (uno de los temas donde más quedó patente que no pueden seguir funcionando en directo con las líneas de teclado –básico en esta canción– pregrabadas). La sucedieron otro recuerdo a la década pasada con “Again It’s Over”, “My Release in Pain” (y su hermosísimo piano, claro, pregrabado) y “Celestite Woman”, probablemente mi canción favorita de su último disco. Se resintió especialmente la ausencia de una segunda guitarra en “Antiadore” y su demoledor riff, pero la melodía atrapó por completo a la audiencia. Marcó un aminoramiento “A Sigh”, a la que siguió la intensa “The Kingdom Solicitude” y la pegadiza “The Letter”. Y dos contrastes para terminar: la recuperación de “To Bleed or Not to Be”, que antecedió a la reciente “Father of Fate”, entusiastamente recibida. La banda se despidió para el bis como quien va al baño, pero pronto retornaron. Entonces, engarzaron “My Velvet Little Darkness”, “A Pearl” y, cómo no, “Ave End”.

De esta manera terminaron esta intensísima descarga, a pesar de esas sombras señaladas. Esperemos que Oliver reflexione sobre esas carencias, las cubra y que podamos disfrutar pronto de Lacrimas Profundere a plena potencia. Será excepcional, seguro.

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