(CRONICA) OMD + K!NGDOM – Madrid – Sala La Riviera – 19/10/2019

OMD + K!NGDOM Madrid Sala La Riviera 19/10/2019

No pudo ser en 2011, tampoco lo conseguí el pasado año pero a la tercera fue a la vencida y por fin pude saldar mi particular deuda pendiente con una de las bandas más influyentes de la historia del synth pop y la música electrónica. Orchestral Manoeuvres In The Dark, OMD para los amigos, volvía a la capital tras su última y exitosa visita de presentación de “The Punishment Of Luxury” para celebrar junto al entregadísimo público madrileño que abarrotó la sala de la ribera del Manzanares (y venido de otros puntos de España y hasta de fuera de nuestras fronteras) su cuadragésimo aniversario. Ahí es nada.

Bastante ambiente en los bares de los alrededores hacían presagiar lo que, a la postre, sería una auténtica fiesta en la que gente, que no cumplía los cincuenta, dejaron atrás los achaques de la edad (el que los tuviera porque a mi lado una señora de cierta edad ya no paró de bailar y cantar como no hacen ni los veinteañeros) para unirse a un sonriente Paul Humphreys y a un hiperactivo Andy McCluskey en tan significativa cita. Así mismo, me hizo esbozar una sonrisa ver a familias enteras unidas por la música, es lo que tiene llegar a las cuatro décadas de carrera, y comprobar cómo incluso el fan “casual” o el “acompañante” de turno eran conquistados para la causa por una banda en estado de gracia con un puñado de temas atemporales que varias generaciones han bailado.

Mientras una sala aún cuasi vacía se iba llenando poco a poco saltaron a escena puntuales el trío madrileño K!ngdom para, durante media hora, intentar caldear el ambiente. Sinceramente, no creo que lo consiguieran en exceso y además, vista la reacción desde el primer momento del público con los ingleses, quedó claro que no necesitaba ser caldeado porque, si la banda estaba motivada, el público lo estaba todavía más ya que cantó no sólo las letras de las canciones sino hasta las melodías de las mismas. Alucinante.

No tenía el gusto de conocerles pero, buscando información sobre ellos por la red, resulta que el grupo está formado por dos productores musicales que tras varios años componiendo han decido dar a conocer sus creaciones. Iván y Gom!s, han unido fuerzas con la vocalista Ane para dar forma a este proyecto que aún ni tiene un solo disco editado (parece que en noviembre saldrá) y que dio su primer concierto el pasado mes de abril. Sin embargo que parece ser que están dando bastante que hablar en algunos ámbitos en los que, personalmente, no me muevo.

De lo dicho anteriormente se desprende que su bagaje musical todavía es escaso aunque esto no les ha impedido “colarse” tanto en las fiestas madrileñas del Orgullo, como en alguna gira patrocinada por Mahou y, nada más y nada menos, que en el bolo de White Lies en Granada o las dos fechas de la gira española de OMD. He leído que ellos se encargan de todo lo relacionado con su música pero deben tener buenos contactos para, con apenas cuatro singles publicados, haber tocado en ese tipo de saraos o meterse en una gira como la de los ingleses.

No soy un experto en las tendencias más actuales de la música electrónica pero en algunas de las canciones que presentaron como “Diamonds”, “What If”, “Boom” o “Leave It All” (también cantaron una en español pero no sé su título) musicalmente aprecié retazos de synth pop pero mezclados con otros estilos como electronic dance o electro pop y, la verdad, a mí esa combinación no me terminó de convencer demasiado. Y eso que, además del teclado y sus controladores Ableton, en momentos puntuales Gom!s tocaba la guitarra (que no se escuchaba nada) o Iván golpeaba con unas baquetas su Pad de percusión pero ni por esas.

Creo que mi principal “problema” con su música no estaba tanto en ella misma sino en Ane y su forma de cantar. No es que lo hiciera mal para el estilo del grupo pero daba a las canciones un aire tan “popero” que me tiraba para atrás. Supongo que es lo que buscaban cuando contaron con ella pero, aunque me gusta el pop de otras décadas, no puedo con el actual y ellos suenan muy actuales. Ya digo, el problema es mío, no suyo pero no me gustaron en conjunto.

Sea como fuere ellos hicieron su escueto concierto de la mejor manera posible y hasta consiguieron hacía el final del mismo algo de interés y complicidad por parte del público por lo que seguro que consiguieron añadir algún nuevo seguidor a sus filas. Parece que están en fase ascendente así que les deseo la mejor de las suertes pero no son para mí.

Larga, muy larga se hizo la espera de casi cuarenta minutos (se demoraron diez sobre la hora prevista) hasta que asomó el clavijero del bajo de Andy por el lateral izquierdo del escenario provocando gritos entre el respetable. Si un gesto tan anecdótico como este desataba la locura imaginaos cómo estaba de impaciente la gente porque empezara la actuación. Lo bueno se hace esperar y, lo que nos ofreció OMD esa noche durante casi cien minutos, fue algo realmente memorable y de un nivel estratosférico. Ya iba sobre aviso sobre sus prestaciones en directo pero, lo que vi, superó mis expectativas.

La intro “Art Eats Art/La Mitrailleuse” sirvió para que apareciera en escena el cuarteto antes de arrancar la descarga con “Isotype” que, junto al que da nombre al disco, fue uno de los dos cortes que rescataron de su último trabajo hasta la fecha. Celebraban sus cuarenta años de carrera pero no por ello iban a olvidarse de sus obras editadas en esta década. Obras que, por otro lado, son más que dignas para un grupo de su trayectoria y que también han calado bastante en sus seguidores como se pudo comprobar por su reacción.

A diferencia de su última actuación en Madrid, como se encargó de resaltar McCluskey en una de las pocas intervenciones con las que cortó el frenético ritmo del concierto, en esta ocasión eran cuatro en lugar de dos. Para un aniversario como el que celebraban merecían contar con la banda al completo y, si bien no estaba el primigenio baterista Malcolm Holmes, fue todo un lujo contar con su viejo conocido Stuart Kershaw (me encantó su actuación he de decir) para esta labor y, sobre todo, ver a Martin Cooper tras otro teclado y aportar en directo las partes de saxofón de “So In Love” y “If You Leave”. Estos detalles se agradecen, y mucho.

Está claro que el núcleo fundamental de OMD es el dúo McCluskey-Humphreys (con permiso del histórico Martin Cooper) pero presentarse bajo este formato hizo ganar enteros a algunas interpretaciones y les permitió huir de los pregrabados dotando a la actuación de un sonido más completo y orgánico, si se me permite la palabra. Personalmente me encantó y lo agradecí sobremanera, no sólo por la presencia de otro miembro de pleno derecho como Cooper sino porque, que todo sonara en directo, es algo para mí muy importante. Creo que no fui el único que lo apreció y agradeció.

He comentado que el público estaba entregado incluso desde antes de que salieran a escena pero, por si alguien no estaba metido en el concierto, ya estaba ahí Andy y su brutal actitud para conseguirlo. ¡Qué entrega! ¡Qué energía! ¡Qué manera de animar, bailar (con su peculiar forma de hacerlo que debería patentar como dice un amigo) y cantar a gran nivel como si nada!

Además todo esto cobra más valor cuando hablamos de un tipo que acaba de cumplir sesenta años. Muchos artistas que ejercen de “frontman” deberían tomar nota de este señor para aprender de verdad lo que eso significa. El despliegue que hizo el sábado me pareció sobrehumano y no me extraña que a la tercera canción ya tuviera la camisa absolutamente empapada como tampoco me extrañó que se le ovacionara, hasta casi hacerle derramar una lagrimita, en varios momentos. Se lo ganó a pulso.

Su compañero de fatigas Paul Humphreys también tuvo sus momentos de protagonismo vocal como cuando abandonó su teclado, ocupando Andy su posición, para ejercer de solista en “(Forever) Live And Die” o seguidamente, ya de nuevo tras él, en “Souvenir” mientras McCluskey y su bajo “visitaban” a Stuart y Martin para que tuviera toda la atención del público. Daba gusto verle sonreír al teclista (y encargado toda la noche de apoyar a su compañero en las segundas voces de manera sobresaliente) mientras era aplaudido a rabiar por una audiencia rendida también a sus pies. Grande.

La distribución de las canciones en el repertorio fue muy apropiada e inteligente para que el nivel, tanto de intensidad como de respuesta del público, se mantuviera alto en todo momento. Sin embargo resulta difícil no resaltar la respuesta a temazos del calibre de “Messages” o “Tesla Girls”, en los compases iniciales, ver a toda la sala acompañar a Andy con palmas la brutal “Joan Of Arc” o emocionarse con la interpretación de “Joan Of Arc (Maid Of Orleans)” que sonaron como si estuviéramos en 1981 y que recibió una cerrada ovación a su término. Simplemente brillantes.

Sin embargo, y aún reconociendo que temas como “History Of Modern (Part 1)”, las que sonaron de “The Punishment Of Luxury” o la grabada para el recopilatorio de aniversario “Souvenir”, “Don´t Go”, por buenas que sean (que lo son) no llegan al nivel de excelencia de otras de su catálogo no desentonaron en un repertorio plagado de éxitos como así hubiera pensado a priori. Tal vez consciente de ello un McCluskey venido “arriba” se atrevió a decir en su presentación que mientras la mayoría de canciones escritas a los sesenta años son “una mierda”, “Don´t Go” es “fantástica”.

En especial me encantó la primera de ellas que, realmente, me parece muy buena pero la gente respondió también muy positivamente a las demás coreando su estribillo o bailándolas como signo de aprobación. Esto demuestra que a día de hoy, y cuarenta años después, OMD siguen siendo capaces de sacar temas dignos y fieles a un estilo que les hace totalmente reconocibles. Esto no lo pueden decir muchas bandas de su trayectoria y es justo reconocérselo.

Ese homenaje descarado a una de sus máximas influencias, Kraftwerk, llamado “Time Zones” (vamos, la canción “News” de los germanos traducida)  fue elegido como una especie de interludio mientras colocaban en primera línea del escenario dos teclados más pequeños y un Pad para las percusiones cuasi marciales de Stuart Kershaw. Entrábamos en el ecuador del concierto y nos tenían preparado un acercamiento aún mayor a las primeras filas.

Así, con los cuatro al borde de las tablas se marcaron un “Statues” y un “Almost”, cara B de su primer single y la gran sorpresa de la noche puesto que hasta esta gira jamás la habían tocado en directo (básicamente porque nunca tocan caras B como indicó el vocalista al anunciarla), simplemente a otro nivel. Al nivel OMD. ¡Qué sonido de sintetizador! ¡Qué fría elegancia! Sala enmudecida y pelos como escarpias. Si cerrabas los ojos parecía que, de verdad, estábamos en 1980 en algún club inglés de la época porque la fidelidad en la interpretación me dejó helado.

Precisamente esa esencia en el sonido es lo que más echo de menos en otros pioneros del estilo como Depeche Mode. Y digo esto porque, casualidades de la vida (o más bien no), fue precisamente “Almost” el tema que marcó a un tal Vince Clarke hasta el punto de motivarle a comprar un sintetizador y su cara A, “Electricity”, la que realmente le hizo querer componer música electrónica. Mucho de los primeros OMD hay en el “Speak And Spell” en mi opinión y ojalá Depeche Mode reprodujera en directo sus temas primigenios (los escasos que tocan a día de hoy) del mismo modo que OMD lo hacen. Sé que esto es imposible porque hace mucho que la banda de Dave Gahan y Martin Gore tomó otros derroteros pero como soñar es gratis…

Afrontábamos la recta final con un “Dreaming” que, si en su momento no fue muy bien recibido, si pareció serlo esta noche. Es lo que tiene el paso del tiempo, te hace ver con otros ojos las canciones y darte cuenta que, para la música, muchas veces cualquier tiempo pasado fue mejor. Aunque no hablemos de un tema mayúsculo para mí, el paso de los años le ha dado la categoría de “clásico” y ya les gustaría a muchos artistas de pop actuales (y pasados) haberla firmado.

Algo parecido pasó con una “pachanguera” “Locomotion” que, personalmente, no me va demasiado pero que cumplió con su función y he de reconocer que en directo Andy y el resto de la banda le dan otra dimensión y sonó mejor que en su versión de estudio. Por su parte “Sailing On The Seven Seas”, única representante de “Sugar Tax” (y puesto que tampoco sonó nada de “Liberator” ni de “Universal”, por ende, la única concesión a los OMD sin Paul Humphreys) tampoco fue de lo mejor de la velada pero me pareció una pequeña reivindicación a la labor de McCluskey en esos años y, además, también estaba Stuart Kershaw en ese trabajo así que nada que objetar.

¿Y qué decir del estallido de la sala cuando sonaron las primeras notas de “Enola Gay” con todo el mundo coreando la melodía? Asumiendo que habría más de uno, y de dos, que estarían allí sólo para escuchar esa canción esta circunstancia no le quita al tema en cuestión ni un ápice de calidad porque sigue sonando tan vigente hoy en día como hace treinta y nueve años cuando se grabó. Como no podía ser de otro modo fue otro de los puntos álgidos de su fantástica actuación.

Tras ella se marcharon unos instantes no sin antes darse un baño de multitudes saludando y agradeciendo el gran apoyo mostrado por el público que, sin petición alguna por parte del grupo, siguió coreando durante unos minutos la melodía de la anti belicista canción en lugar del típico y manido “ooooe, oooeeee ooooe oooooe”. Con semejante gesto es normal que tuvieran esa sonrisa de oreja a oreja y los ojos hasta vidriosos mientras se despedían.

No se hicieron de rogar lo más mínimo y creo que tardaron en salir lo que Andy tardó en cambiarse la camisa por una camiseta limpia y, evidentemente, negra. Así, la elegida para iniciar los bises fue “If You Leave”, su mayor éxito en América, y que alguno recordará por ser la BSO de la película “Pretty In Pink” (o “La Chica De Rosa” que es como se tradujo en español) en cuyo final Martin volvió a sacar a pasear por última vez su saxofón mientras que, para la coreadísima “Secret”, de nuevo Paul asumió partes vocales solistas junto a McCluskey volviendo a ser ovacionados al terminar.

Todo lo bueno se acaba y el anuncio del vocalista de que si antes habían tocado una cara B ahora era el turno de la A nos puso en la pista de cuál iba a ser la siguiente. A estas alturas todos sabíamos que “Electricity” iba a ser, como de costumbre, la encargada de poner el punto y final a una sobresaliente actuación que, independientemente de que cada uno pudiera echar en falta algún u otro tema (algo de “Dazzle Ships” no hubiera sobrado), dudo que decepcionara a nadie por entrega, ejecución, sonido y repertorio.

Nadie sabe el tiempo que les quedará a OMD como grupo pero, a tenor de lo visto y oído, parece que los ingleses están más vivos que nunca pero, sobre todo, siguen mostrando la misma ilusión por lo que hacen a los sesenta que cuando tenían veinte años. Otra lección de la que muchos deberían tomar nota cuando salen al escenario como el que va a la oficina. Esa noche muchos cincuentones rejuvenecieron con el señor Humphreys y el señor McCluskey varias décadas y eso, la verdad, no se ve todos los días. Ojalá vuelvan pronto por aquí porque son una gran banda, nada de un “One Hit Wonder” como muchos podrían pensar, y todo un valor seguro en directo.

Texto y Fotos: David Ortego

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