(CRONICA) SPIRITUAL FRONT – Madrid – Sala Wurlitzer – 22/02/2019

SPIRITUAL FRONT Madrid Sala Wurlitzer 22/02/2019

Agridulce. Esa fue la sensación que me dejó “mi primera vez” con el trío romano, aunque en directo se convirtieron en cuarteto al contar con la colaboración de Federico Amorosi al bajo. Digo agria porque Spiritual Front deberían haber tocado en un sitio más digno que la incómoda, para banda y público, Wurli donde su puesta en escena resultó más cómica que otra cosa y porque el doble repertorio es como cuando anuncian dos headliners, ninguno termina de ofrecer todo su potencial.

Pero a la vez fue dulce porque, incluso en estas condiciones adversas, Simone Salvatori y sus compinches ofrecieron un gran concierto y pudimos ver a una banda fantástica que, cuando dejó a un lado su tributo a la figura de Morrissey tanto con los Smiths como en solitario, brilló con una luz más cegadora que, obviamente, la de las bombillas que adornaban la batería y los pies de micrófono.

Ver gente haciendo cola esperando a que la céntrica Wurli abriera no es una estampa habitual y me hizo pensar en que, tras tres años sin pasarse por estos lares (encima fue abriendo para sus queridos referentes Death In June, no en su propia gira) y el aplazamiento de su concierto previsto para noviembre, había ganas de ver a los italianos. Sí y no.

La audiencia en líneas generales estaba muy, muy motivada con el concierto pero, lo que en principio pensé que sería una gran entrada (en una sala pequeña, no perdamos de vista ese “detalle”) al final no lo fue tanto. Pero claro, situarse más atrás de donde está la cabina de sonido es casi sinónimo de no ver nada en esta sala y la gente, sobre todo las féminas, no querían perderse detalle alguno de amigo Simone ofreciera.

La velada como he comentado, para mi desgracia y la de otros tantos, contaría con dos repertorios bien diferenciados. Una primera parte centrada en The Smiths y la figura de su líder en solitario donde se dedicaron a tocar temas de los ingleses pasados por su particular filtro aunque, realmente, no me pareció que los temas difirieran en exceso de las originales. Tras ello dedicaron la segunda parte del show a la presentación de su última entrega, el genial “Amour Braque”, junto a algunos de sus temas propios más notorios. Como ya habían anunciado están preparando un disco tributo al grupo inglés que tanto ha influido (y sigue influyendo) a Simone y su música pero, si ni siquiera lo has editado, no veo la necesidad de esa primera parte o, al menos, no te extiendas tanto.

Yo, que no soy seguidor acérrimo para nada de los de Manchester, hubiera preferido mil veces más canciones propias, como las que se quedaron en el tintero debido a este formato de concierto, que ver a una banda tributo a los Smiths. Creo que no fui el único porque, quitando los temas más icónicos de los británicos (hubo unos cuantos), la respuesta a uno y otro repertorio fue abismal. Sin duda nos quedamos con ganas de mucho más Spiritual Front que lo que ofrecieron, reitero que por el curioso formato concebido para la velada.

Es bien sabido lo “sui generis” que son los horarios en esta sala pero, tras la puntualidad británica del concierto de Kaelan Mikla, pensé que correríamos la misma suerte en esta ocasión. Error. La apertura de puertas si fue puntual pero el inicio del concierto se demoró unos tres cuartos de hora llegando a desesperar a todo el mundo (y para colmo aparecía el setlist desde el inicio con temas tachados) porque, los que estábamos apelotonados en la parte delantera para poder ver algo (y de paso intentar sacar alguna foto que ilustrar estas líneas), apenas podíamos movernos y no se estaba muy a gusto, la verdad.

Tras varias apariciones de Andrea Freda para ajustar la proyección de la película de Pier Paolo Pasolini “Mamma Roma” (siguiendo fieles a la tradición de rendir pleitesía a su compatriota), sin demasiado éxito ya que me entra la risa al pensar en el binomio “proyecciones-Wurli”, al fin salieron los italianos a escena recibiendo la calurosa respuesta de un público impaciente porque aquello comenzara de una vez. Que ya era hora.

Así, durante algo menos de los sesenta minutos prometidos, desgranaron algunos cortes de la carrera de los Smiths como la inicial “The Queen Is Dead”, enlazada con una celebrada “Panic”, “Bigmouth Strikes Again”, “How Soon Is Now?”, “This Charming Man” o “There Is A Light That Never Goes Out”, en la que ofreció incluso el micro al público para cantar el estribillo, que animaron notablemente el cotarro al ser algunos de los temas estrella del cuarteto inglés.

Salvatori se metió en la piel de Morrissey y lo cierto es que fue como si estuviéramos viendo al hermano menor de este. Un look muy parecido, unos movimientos bastante estudiados y similares unidos a unos giros vocales (falsetes incluidos) marca de la casa junto a una correcta interpretación instrumental por parte de sus compañeros me hizo tener la impresión de estar ante una auténtica banda tributo. Además les vi muy cómodos en esta faceta, incluso dando la oportunidad de realizar peticiones (aunque creo que no atendió ninguna) por lo que los seguidores de los Smiths seguro que lo pasaron en grande.

La Wurli no deja demasiado espacio para el movimiento precisamente pero el vocalista aprovechó al máximo el reducido escenario y, sin duda, se ganó desde el inicio a la audiencia con su cercanía, simpatía y gran actitud. Esta no cambió en ningún momento de la noche y se mantuvo intacta cuando afrontaron en la segunda parte sus temas propios. Fue el perfecto maestro de ceremonias y el centro de todas las miradas, suspiros, gritos y proposiciones (no fueron pocas y no todas “honestas”) que recibió por parte del público femenino. Está claro que el tatuado vocalista levanta pasiones, lo sabe y lo explota convenientemente sin resultar cansino como si lo resultaron algunas de sus seguidoras. Ya se sabe que lo poco vale y lo mucho cansa.

Menos entusiasta fue el recibimiento a “Everyday Is Like Sunday” y “The Last Of The Famous International Playboys”, ambas de la carrera en solitario de Morrissey, o temas menos famosos o conocidos (aunque algunos fueran single en su momento) como la gran “What Difference Does It Make?”, “Barbarism Begins At Home”, con especial protagonismo para Federico Amorosi, “Still Ill” o “Shoplifters Of The World United”, que fue la que les despidió momentáneamente antes de afrontar lo que, realmente, todos queríamos escuchar. A los genuinos Spiritual Front y no a una “cover band”.

Cinco minutos fue lo que Simone nos pidió de respiro antes de retornar a las tablas pero ni eso tardó en volver a aparecer el cuarteto romano para poner a toda la sala a cantar con “Jesus Died In Las Vegas”, de su maravilloso “Armaggedon Gigolo”, a la que le sucedió otro corte antiguo como la tanguera “Cold Love (In A Cold Coffins)” de “Rotten Roma Casino” que sonó de escándalo aunque, por descontado, acordeón y demás arreglos iban enlatados.

Para mí sorpresa, el vocalista no se acompañó de la guitarra acústica en esta parte del concierto dejando a un lado su estampa “Johnny Cash” supongo que en pos de no perder dinamismo escénico. Por ello todo el peso de las guitarras recayó en Francesco Comte quien se encargó de las seis cuerdas en todo momento y algunos los coros puntuales al igual que el resto de sus compañeros.

Tras este tremendo inicio una emocionante y melancólica “Tenderness Through Violence” fue la primera canción que presentaron de “Amour Braque” el que, con el permiso de “Darkroom Friendship” que se “coló” tras ella, coparía la parte central de su descarga con más cortes del mismo como “Vladimir Central”,  la cabaretera “Dissafection” que puso a la sala patas arriba, la oscura “Children Of The Black Light” o “Pain Is Love”, cuya letra cualquiera que haya amado podría hacer suya. Su última entrega fue muy protagonista ya que, como ha declarado el vocalista, lo considera su mejor disco hasta la fecha y lo va a defender a muerte. Personalmente también creo que es un grandísimo trabajo casi a la altura del que, para mí, es su obra maestra. “Armaggedon Gigolo”.

Precisamente en él recayó el final del concierto, junto a la citada “Pain Is Love”, ya que no podían faltar la brutal “Bastard Angel” (seguramente mi tema favorito de la banda) en la que el vocalista pidió un pasillo y se paseó entre el público pandereta en mano, y “Slave”, que puso fin a su concierto dejándonos la sensación de que este había durado un suspiro. En cierto modo razón no nos faltaba a los que nos quedamos pidiendo algún tema más con cierta insistencia porque tampoco llegaron a la hora de duración con este set. De hecho fueron más bien unos insuficientes tres cuartos de hora.

Visiblemente complacidos, y hasta diría que ligeramente abrumados, por la ovación recibida, Spiritual Front volvieron para regalarnos un par de bises pero, ¡horror!, tras hablar entre ellos se marcaron otros dos temas de los Smiths. No daba crédito. ¿De verdad no se sabían ningún otro tema propio cuando apenas cuatro meses atrás tocaban hasta diecisiete canciones en sus conciertos? Incomprensible para mí se mire por donde se mire.

Vale que dejen a un lado los temas de sus primeros trabajos puesto que a día de hoy no tienen mucho (o nada) que ver con su propuesta musical pero, ¿por qué dejar en el tintero “I Walk The “Dead) Line” o “The Shining Circle”? Hasta me habrían valido más temas de “Amour Braque” como “Dear Lucifer” o “Battuage”, que también estaban interpretando el pasado año, pero cerrar recurriendo a Morrissey y su banda otra vez no me pareció ni de recibo ni apropiado. Es más, me pareció lamentable, que ya habíamos tenido suficiente con la primera parte de su actuación aunque cerraran con “The Boy With The Thorn In His Side” que, personalmente, no me desagrada pero desde luego en otro contexto.

Pese a todo, Spiritual Front dejaron claro que son una grandísima banda, Simone Salvatori un tipo con un carisma arrollador y que su sonido a caballo entre el tango, el cabaret decadente, las bandas sonoras de películas italianas clásicas, el pop (ya sea “suicida” o no) y lo que quieran meter funciona tanto en estudio como en directo. Doy fe de ello y ojalá vuelvan pronto pero, eso sí, dejando a un lado experimentos y ofreciendo un concierto basado EXCLUSIVAMENTE en canciones propias. Si encima lo hacen en una sala en condiciones donde la proyección no se salga de la “pantalla” ya lo bordan. Por pedir que no quede.

Texto y Fotos: David Ortego

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