(CRONICA) The Cure + The Twilight Sad – Barclaycard Center – 20/11/16

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THE CURE + THE TWILIGHT SAD Madrid Barclaycard Center 20/11/2016

El 20 de noviembre de 2016 quedará grabado en mi memoria como la noche en la que, POR FIN,  pude ver a Robert Smith liderar a unos The Cure para dar una buena muestra de su incontestable legado ante un recinto abarrotado por menos siniestros de los que esperaba y más público “mainstream” del que imaginaba. Pero así es, ellos que han influenciado a tantas y tantas bandas de pelaje tan dispar, que han ayudado a fundar y reivindicar tantos estilos han trascendido a ellos y supongo que por eso gente tan distinta a la que les seguía en sus inicios se siente atraída por su magnetismo. Sólo las grandes bandas son capaces de trascender estilos y ellos son una de las que lo han conseguido.

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El día fue de lo más desapacible que uno se pueda echar a la cara. Frío, viento y lluvia sin parar pero poco importó porque uno siempre puede refugiarse en un bar de los aledaños del antiguo Palacio de los Deportes para disfrutar del apetecible “previo conciertil” del que muchos de los asistentes disfrutaron a tenor del aspecto de los bares cercanos al recinto. Y es que una cita como esta, tras ocho años de ausencia de los británicos por la capital, también sirve de reencuentro para viejos amigos porque, no lo olvidemos, casi cuatro décadas de historia dan para mucho y la media de edad era acorde a esta trayectoria tan longeva. Y esa gente no suele ya asistir a tantos conciertos como en su juventud salvo que la cita sea como la que nos ocupa.

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Los escoceses The Twilight Sad eran los encargados de abrir para las huestes de Smith, Gallup y cia y, como suele pasar en estos casos, no gozaron de la presencia ni de un tercio del aforo porque la mayor parte de la gente sólo había ido a ver a un grupo esa noche y apurar una última cerveza o charlar un rato más fue la elección de la mayor parte del graderío y la mitad de la pista. De cualquier modo su correcta actuación bien merece unas líneas.

Entré cuando el quinteto terminaba su primer tema “That Summer, At Home I Had Become The Invisible Boy” y arremetían con “Last January”, la primera composición del trabajo que venían presentando “Nobody Wants To Be Here And Nobody Wants To Leave” y del que también caerían la melancólica y pausada “It Never Was The Same” y “There´s A Girl In A Corner” en la parte central de su descarga.

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Con buen sonido, y un juego de luces aceptable para ser los teloneros, la sobriedad fue la tónica del concierto por parte de todos los componentes a excepción del vocalista del combo, James Graham, que se movió con frenesí y gesticuló (bajo mi punto de vista de manera un poco sobreactuada) llevando sin duda el peso visual de su concierto acaparando todas las miradas pero cantando con mucho acierto.

Sus canciones en directo sonaron más contundentes y menos atmosféricas que en estudio dotándolas de una “dureza” que no se percibe en sus discos. Discos que se encargaron de repasar en su corta actuación para regocijo de sus fans (los menos) y para el tedio o la indiferencia del grueso del respetable que estaba o iba accediendo con cuentagotas al recinto.

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Así nos brindaron un recorrido por sus casi diez años de historia a golpe de temas como “Seven Years Of Letters”, “Don´t Move”, “The Wrong Car” o “And She Would Darken The Memory”, otro corte de “Fourtenn Autumns & Fifteen Winters”, con la que se despidieron agradeciendo a The Cure la oportunidad de abrir para ellos (no sé si ganarán muchos fans…) y a los que allí estábamos nuestra presencia. Estuvieron bien y amenizaron la espera, al menos la mía, hasta que llegó la hora de la verdad para todos.

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Como comentaba al principio era “mi primera vez” con The Cure así que yo no puedo comparar con giras como el “Kissing Tour”, ni con la del “Wish”, ni siquiera con la que pasó por Madrid hace ocho largos años a la que estuve a punto de ir y finalmente no pude por circunstancias que no vienen al caso. Iba “virgen” al concierto pero con unas expectativas a la altura de la leyenda que iba a ver, lo cual casi siempre suele ser motivo de decepción. Esta vez no fue el caso y, pesé a que nunca llueve a gusto de todos en lo que al repertorio de un grupo como el británico se refiere, salí muy satisfecho con lo ofrecido por una banda que ya tiene ganado su lugar en la historia de la música, además de en el corazón de millones de seguidores a lo largo del mundo.

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Dos minutos pasaban de las nueve cuando las luces se apagaron y las siluetas de los miembros del grupo aparecieron sobre el escenario provocando el consiguiente ensordecedor griterío, llegando este al máximo con la aparición de Robert Smith sobre las tablas. Emocionante para mi ver al fin a este icónico músico aunque su imagen no fuera la misma que tenía en la retina porque el tiempo nos pasa factura a todos.

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Una banda que ensaya unas noventa canciones para poder variar cada noche unas cuantas de ellas ya tiene ganada mi eterna admiración aunque esto suponga una lotería en la que no todos somos agraciados por igual. Y digo esto porque tras el concierto algunos amigos míos se quejaron del repertorio que nos había tocado en suerte. Esa siempre es la parte más subjetiva de cualquier concierto y para gustos los colores, que se suele decir, pero pensando a “bote pronto” no me salen muchos grupos de los “consagrados” que toquen treinta y un temas en casi tres horas sin parón alguno, sin odiosos solos instrumentales y sin charlas muchas veces sin sentido. Vale que otras veces han tocado alguna canción más pero también han tocado alguna menos así que estamos igualados.

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“Open” fue la elegida para abrir el show madrileño y pilló a contrapié a más de uno que esperaba “Plainsong” como tema inicial y que, de hecho, ni llegó a sonar cuando si lo ha hecho en otros sitios. Si, fue una pena que no la tocaran pero qué le vamos a hacer, son daños colaterales de un grupo que apuesta por la variación entre conciertos cuando otros lo hacen por el inmovilismo noche tras noche. Diferentes maneras de entender los directos, supongo. Aún corriendo este riesgo prefiero la manera de The Cure.

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El sonido era espectacular incluso desde mi posición (escorado en la grada 0 en el lado del guitarrista Reeves Gabriels). Todo se escuchó así desde el primer acorde hasta el último así que a partir de ahora que nadie venga diciendo que los grupos que suenan mal en este recinto es por culpa sólo de la acústica…El mito queda desmontado y ahora habrá que echarles la culpa casi en exclusividad a los técnicos del mismo modo que, desde aquí, felicitó a los encargados de sonorizar a los británicos porque su trabajo fue simplemente perfecto.

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“High” siguió dejando frio al respetable y no fue hasta la tercera canción cuando “A Night Like This” sacó en parte del letargo a una audiencia a la que la vi casi exclusivamente familiarizada con los temas más trillados del combo como “Just Like Heaven” (primer momento de verdad en el que se desató la euforia masivamente y eso que ya habían sonado cosas como la sensacional “Push”, “In Between” o la memorable “Pictures Of You” cuyas líneas de bajo me siguen maravillando tantos años después de haberla oído por primera vez) que con temas más oscuros como “From The Edge Of The Deep Green Sea”, primitivos como “Three Imaginary Boys” o tan disfrutables como “One Hundred Years” antes de finalizar la parte regular del show apropiadamente con “End” tras casi 90 minutos ininterrumpidos.

Si a nivel sonoro el concierto fue inmejorable, en el aspecto escénico no le fue a la zaga. Esta claro que a un grupo de sus medios se les presupone un mínimo (bastante elevado) en lo que a luces y espectáculo se refiere, pero nunca se sabe. Ellos respondieron con dos pantallas laterales, una central inmensa y unas luces que no hacían sino incrementar las ya de por si increíbles ejecuciones de los temas por parte de la banda. Tampoco en este apartado me decepcionaron aunque sean cosas menos importantes para mí que el sonido o el nivel interpretativo del grupo. Siempre ayudan a mejorar o empeorar la percepción de un concierto y más con el elevado precio de las entradas.

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Por supuesto que no todo el concierto iba a tener el nivel de sus mejores temas y, como pasa en su trayectoria, también hubo momentos que bajaron en cierto modo la intensidad de la actuación. En este saco podríamos meter “Kyoto Song”, que no funcionó excesivamente bien, “The Blood”, con ese toque aflamencado que a mi no me gusta nada (aunque si no la tocan en España no sé dónde la van a tocar) al igual que le pasa a “The Caterpillar” donde la guitarra española volvió a ser protagonista. Tampoco temas “recientes” como “The Hungry Ghost” de su último disco de estudio o “The Last Day Of Summer” de “Bloodflowers” fueron recibidas con entusiasmo obteniendo el pasotismo en líneas generales entre los asistentes, aunque a mí me parezcan de lo mejor de sus respectivos discos.

Otro de los momentos memorables de esta primera parte del show lo puso la genial “Lovesong” que puso los pelos como escarpias a más de uno (entre los que me incluyo) y donde la aportación del teclado de Roger O´Donnell destacó aunque, en líneas generales su sutil (y no tan sutil según la canción) aportación me pareció magnifica. Pero es que no sólo fue magnífica su actuación…

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Como comentaba, todos rayaron a un nivel excepcional pero destacaría, por supuesto además de a Robert Smith que sigue conservando intacto su enorme carisma y su peculiar voz casi también, a un Simon Gallup que no paró de moverse encorvado por el escenario con su bajo muy bajo (valga la redundancia), buscando a sus compañeros para interactuar con ellos, sonando perfecto en todo momento y dando ese toque tan característico a las canciones en un estilo donde su instrumento es fundamental. Enorme su actuación.

Formando pareja a la base rítmica me sorprendió para bien Jason Cooper, que lleva ya más de veinte años con el grupo del que encima es muy fan, porque estuvo absolutamente impecable en su labor pese a que la sombra de Boris Williams sea muy alargada. Por último el guitarrista Reeves Gabrels cumplió con su papel con sobriedad, un poco en segundo plano, pero siempre eficaz y clavando las canciones ciñiéndose a sus partes sin querer tener el protagonismo que no tiene en la banda. En resumidas cuentas, todos aportaron al conjunto haciendo que la maquinaría The Cure sonara perfecta, que es de lo que se trata. Profesionalidad extrema.

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“It Can Never Be The Same” inició el primero de los tres bises que ejecutarían Smith y los suyos. Al tratarse de un tema nuevo pues la respuesta fue totalmente anodina mejorando esta con “Burn”, tema extraído de la banda sonora de la popular película “The Crow” con ese inicio tan característico con Gallup y Cooper de protagonistas. Sin embargo, para mi el tramo estrella de la velada vino a continuación con la interpretación de “Play For Today”, uno de mis temas favoritos del grupo desde que la escuché por primera vez, y el brutal “The Forest” bañando el escenario en tonos verdes y celebrado por todos como el inmenso tema que es. Entre ambas casi diez minutos de éxtasis tras los que volvieron a abandonar las tablas.

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Para su segunda aparición eligieron una densa “Shake Dog Shake” a la que siguió la simple pero efectiva “Three Imaginary Boys” que sus más antiguos seguidores seguro recibieron con alegría pero no así el grueso del Barclayscard Center pasando un poco sin pena ni gloria. Suerte que apareció “Fascination Street”, con esa guitarra tan característica y un juego de luces de lo más colorido, volviendo a levantar el concierto ayudado por la siempre efectiva “Never Enough”, coreada por las más de 16000 gargantas allí reunidas, antes de que “Wrong Number” cerrara este segundo bloque de bises volviendo a cosechar una tremenda ovación.

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Con las dos horas de concierto ya superadas se disponían a poner el broche a una gran velada apostando a caballo ganador dejándose para el final algunos de sus temas más conocidos por todo el mundo y que algunos ya consideran que sobran por estar excesivamente manidos. En parte puedo estar de acuerdo con los que opinan eso pero no se entendería (yo desde luego no) un concierto de The Cure sin escuchar “Lullaby”, con esa tela de araña gigante proyectada en la pantalla gigante, la bailable “The Walk”, donde O´Donnell volvió a ser protagonista, la festiva “Friday I´m In Love” que cantó hasta el apuntador y que puso patas arriba el recinto, “Boys Don´t Cry”, la claustrofóbica “Close To Me” o “Why Can´t I Be You” que cerró un concierto del que esperaba mucho y del que obtuve precisamente eso. Mucho.

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Y claro que me hubiera gustado escuchar muchos temas que se quedaron en el tintero, en especial “Charlotte Sometimes” por citar una de las que más me apetecía oír y que he visto que han tocado recientemente, pero esto no empaña lo que considero una actuación objetivamente sobresaliente por sonido, puesta en escena y ejecución con el único “pero” personal que cada uno quiera poner en lo que a repertorio se refiere.

Desde luego uno de los mejores conciertos de este año que creo que no debió dejar insatisfecho ni a sus más veteranos seguidores ni a los que, como yo, les veían por primera vez. Robert Smith y The Cure parecen tener ilusión y fuelle para rato y ojalá no sea la última vez que me tope con ellos en el futuro. Si, era un concierto caro, pero se han encargado de dejar claro que era un dinero bien invertido.

Texto y Fotos (movil): David Ortego

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