“Hijos del Mediterráneo”, el merecido homenaje a un disco histórico

Suenan los primeros acordes de “Mediterráneo”, la canción, y cuando crees que estás ante la grabación original y que va a entrar la voz juvenil (y eterna) de Joan Manuel Serrat, te encuentras con el timbre sinuoso, dulce e inconfundible de Jorge Drexler. ¿Acaso esto es magia? Sí, algo de eso hay en Hijos del Mediterráneo.

Magia porque este no solo es un álbum de homenaje a un disco clásico y atemporal. No, para nada. Aquí se ha producido (se ha provocado) el atrevido milagro de poner en pie una sentida recreación de una de las más grandes obras de la música española. Probablemente la que más. Desde luego la que más huella ha dejado en distintas generaciones de españoles y latinoamericanos.

Una recreación que, en un más difícil todavía, ha rehuido lo que habría sido más simple, lo que habría resultado obvio y fácil: ofrecer versiones libres de los temas. No, lo que se ha hecho en Hijos del Mediterráneo, sacando ases de la manga de la historia y fuerzas de flaqueza, ha sido estudiar y analizar los arreglos y la instrumentación originales —lo que no ha sido en absoluto sencillo— y reconstruirlos con tesón y cerebro de científicos del estudio. Pero poniéndole corazón y alma de artesanos para que brillaran de nuevo con aquel espíritu de gran pop con el que se alumbraron en 1972, y que de tan moderno como fue se antoja inmortal.

Detrás de este tour de force han estado dos locos maravillosos: Amaro Ferreiro, ideando y dirigiendo el proyecto, y Ricky Falkner, en la producción. Juntos han logrado lo que parecía imposible: que escucháramos Mediterráneo como vio la luz hace 48 años pero con el esplendor y la técnica de 2019. Para ello han contado tanto con un grupo eléctrico y acústico (guitarras, bajo, batería, piano, teclados, percusiones) como con una orquesta sinfónica (de la Fundació Victoria de los Ángeles), exactamente como se registró entonces. Aunque sin guía, sin red alguna a la que agarrarse han tenido que descifrar nota a nota cómo fue ensamblada esa obra de majestuoso pop orquestal, en un ejercicio de deconstrucción que les permitiera llevar a cabo la nueva construcción. Lo dicho, una cosa de locos. De magos locos.

Por todo ello, Hijos del Mediterráneo puede provocar en una primera escucha cierta sensación de déjà vu. Pero es que lo que oímos es Mediterráneo —un disco que todos conocemos— sonando tal cual se ideó, fiel a su espíritu original, aunque puesto al día y en la voz de muy diferentes intérpretes.

Porque en Hijos del Mediterráneo vocalistas de distintas procedencias y generaciones se unen para que las canciones de Mediterráneo se eleven de nuevo ante nosotros en un bellísimo homenaje que es, al tiempo, un brindis —ofrecido por gentileza de los maestros Ferreiro y Falkner— a la música, al oficio de escribir canciones, interpretarlas y cantarlas para que pasen de unos a otros y permanezcan por siempre vivas.

Lo increíble que es que, casi cinco décadas más tarde, Mediterráneo sigue provocando la misma sensación de estar ante algo poderoso, grandioso y único, porque sus canciones nacieron al calor del fuego eterno que solo alumbra las obras excepcionales. Por ellas no ha pasado el tiempo.

Listado de temas e intérpretes:

“Mediterráneo”, Jorge Drexler

“Aquellas pequeñas cosas”, Eva Amaral

“La mujer que yo quiero”, Xoel López

“Pueblo blanco”, Depedro

“Tío Alberto”, Iván Ferreiro

“Qué va a ser de ti”, Tulsa

“Lucía”, Andrés Calamaro

“Vagabundear”, Santi Balmes

“Barquito de papel”, Sílvia Pérez Cruz

“Vencidos”, Josele Santiago

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