(LIBROS) Elisa C. Martín: Mi vida. De la delincuencia al Heavy Metal

Elisa C. Martín: Mi vida. De la delincuencia al Heavy Metal

Por Alberto García-Teresa

Ay, qué poco acierto tienen algunas editoriales al poner títulos… Es una lástima que un trabajo tan interesante como este pueda quedar opacado o incluso reconducido (a otros estantes, a otro público, a otra indiferencia) por un título tan sensacionalista (más propio que de un programa de televisión amarillista de entretarde) como el que tienen las memorias de quien fue cantante de Darkmoor, Fairyland, Dreamarker y, en la actualidad, Hamka. Porque encima faltan a la verdad: no se trata de una rehabilitación, como dan a entender esas palabras, sino que resultan dos ámbitos que convivieron en un momento, porque el heavy estuvo antes de esa “delincuencia” y siguió después en la vida de Elisa. Tampoco se trata de una secuencia que constata la perdición (de Málaga a Malagón), para quien siga con esa fantasía de equiparar el mundo del heavy metal con la marginación.

Con todo, otro elemento extratextual sí que acierta a dar las coordenadas del libro: la fotografía de la cubierta, que nos muestra a una Elisa exultante y orgullosa de su barrio, Carabanchel. Ella nació en 1972 y vivió en las cerca de las orillas de Pan Bendito. El ambiente de los años ochenta en un barrio obrero madrileño, con la heroína haciendo estragos en las calles, y su homosexualidad descubierta durante su pubertad son dos elementos fundamentales que determinarán su vida. De hecho, uno de los aciertos de la obra es la capacidad de Elisa como narradora para no irse por las ramas y seleccionar con extraordinario acierto los episodios, muy intensos, y las líneas destacadas de su historia.

En ese sentido, también hay que señalar que está escrito con un tono relajado, en registro confesional. La autora va desgranando andanzas y contexto sin mantener necesariamente un sentido cronólogico ni sin escatimar sus opiniones, con lo que logra un relato bastante entretenido. Se trata, por tanto, de un conjunto de sucesos muy bien escogidos, alrededor de varias tramas, bien planteadas, y que demuestran esa ya aludida habilidad de Elisa C. Martín como narradora de historias. La autora hila una atractiva y entretenida narración donde vibra la emoción, la pasión y la intensidad de cada una de las anécdotas. Sabe emplear esos recursos: se dirige con inteligencia al auditorio, avanza comentarios o sucesos para aumentar la intriga, dibuja con cuatro trazos las personalidades de quienes le rodean, etc. Y siempre con una gran naturalidad.

Así, rápidamente el libro se interna en unos de los nudos de su vida; la homosexualidad, con las menciones al apoyo total de su abuela y también al rechazo institucional y social ante el desconcierto de una inocente Elisa. Ya en el colegio, ella se sentía más reconocida en los gustos y roles de los chicos, así que, desde pequeña, fue víctima de los insultos por su orientación sexual.

Y también muy pronto la música irrumpió en su vida. A los doce años tiene ya claro que quiere ser cantante de un grupo de heavy metal. Pero el machismo le impedía encontrar una banda que buscase una vocalista femenina. Sin embargo, con gran tenacidad (algo constante en su vida, pues desde pequeña ha demostrado una enorme valentía, como lo demuestra la propia difusión pública de estas memorias), logró su objetivo… con esos mismos doce años. Sí, en efecto; doce años. A esa edad consigue que le hagan una prueba para un grupo. Ante la prohibición de sus padres de viajar en Metro sola, ella tiene que escaparse simulando que se va al entrenamiento con su equipo de fútbol. “Abrí la puerta del local y ahí estaban los cuatro músicos esperando a su futuro cantante y aparezco yo vestida de portero… Imaginaos la cara que se les quedó”. ¡Y la cogieron tras dos horas de ensayo! Bueno, ella dijo que tenía dieciséis años… Son impagables las aventuras posteriores para sostener la farsa en casa de los entrenamientos para continuar con los ensayos, y también cómo descubre el grupo su verdadera edad: cuando tiene su primer concierto. En la puerta del garito la paran, le piden documentación y autorización paterna para acceder (aunque ella insiste en que es la cantante) y no la dejan entrar. Ante el follón, el resto de la banda acude y se descubre todo… para gran regocijo de los músicos, pues terminaron fardando de la precocidad de su vocalista durante toda la actuación.

La familia es otro eje. Los problemas generados por su padre (putero, con muchas amantes y ocasionalmente maltratador), bajo una aparente relación idílica, terminan saliendo a flote hasta que se hacen insostenibles emocional y económicamente. Por esa época, en los inicios de su adolescencia, Elisa se volvió muy violenta, empezó a consumir hachís y cocaína, a participar en competiciones ilegales de coches y, finalmente, a ejercer de conductora para un grupo del barrio que robaba tiendas (de preadolescente) por la noche. Mientras, por la mañana, al instituto y tratar de seguir su vida ordinaria. Así, canalizó todo su malestar a través de la ira. Con una sinceridad loable, la autora explica y reconoce todos esos sucesos al mismo tiempo que recoge la tensión familiar y la complicada situación de intentar normalizar su relación con su novia en ese contexto hostil. De hecho, la irrupción en casa de su madre mientras Elisa preparaba unas rayas en su cocina fue el detonante para que abandonase todo ese mundo… con quince años. Intensidad y precocidad, sin duda, en todos los niveles.

Todos estos acontecimientos constituyen la parte central del volumen. De hecho, dos terceras partes del libro hablan únicamente de su infancia y adolescencia. Así, esta obra no resulta unas memorias enfocadas a su experiencia como vocalista o al mundo de la música, sino a contar una vida, y en esos años se encuentra el meollo de su personalidad. De igual modo, este libro también resulta un ejercicio de balance personal para ella misma (no un ajuste de cuentas). En él, destaca el arrepentimiento de su actitud en la época hacia su madre, y su gratitud y su amor por ella, por su dedicación incondicional, su entrega y su apoyo. Igualmente, se resalta cómo la música, su sueño de ser cantante profesional, ha sido el impulso que le ha permitido seguir adelante y dejar atrás ese “pasado oscuro”, como denomina Elisa C. Martín ese período.

Precisamente, la obra se cierra con un enfoque motivacional, tratando de impulsar al lector a trabajar y luchar por sus metas a pesar de las dificultades y de las carencias. En la introducción, la cantante ya lo especifica: “Este libro es un intento de inspirar, de motivar y de ayudar”. Y añade: “Es un intento de decirte que la vida es muy cruel a veces, que tienes que ser fuerte para afrontar las tempestades que seguro vendrán. A mí nadie me lo dijo. Lo aprendí todo yo sola. Por eso estoy aquí, contigo, mostrándome tal y como soy. Contándote algunas de mis peores y también mejores vivencias para que sepas que, si yo pude… ¿por qué tú no?”. Sin duda, la vida de Elisa puede ser tomada como ejemplo, más allá del interés intrínseco de la obra como relato.

Mi vida. De la delincuencia al Heavy Metal

Elisa C. Martín

204 páginas

Garaje, 2018

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