(LIBROS) Los 40 radikales. La música contestataria vasca y otras escenas musicales, de David Mota Zurdo

Los 40 radikales. La música contestataria vasca y otras escenas musicales, de David Mota Zurdo

Por Alberto García-Teresa

Con una perspectiva más política e histórica que musical, David Mota Zurdo analiza la eclosión y evolución de la música contestaría del País Vasco desde los ochenta hasta la actualidad. Se centra en el desarrollo de la hipótesis de la instrumentalización del “Rock Radical Vasco” (polémica etiqueta, repudiada por los propios músicos, que el autor también critica pero que emplea) por parte de las organizaciones de izquierda abertzale.

A la hora de la singularización de los grupos vascos de punk y punk-rock, parte de la contraposición con la Movida madrileña (y su apología del hedonismo) y la “Cultura de la Transición”. Muestra la comercialización progresiva de la escena (cómo se amolda a unos clichés con el fin de responder a un público ya reconocido), de desarrollo de una industria, de un “entramado musical de tremenda potencialidad comercial”. Realiza un buen rastreo de antecedentes y traza los vínculos con el underground.

El autor se centra en las letras de los grupos. Explica que estas son “una suerte de crónica de época marcada por cuestiones como la diferenciación social, la violencia, la contaminación, la droga, la marginación, el desencanto, la corrupción social y política”. Al respecto, añade “si bien es cierto que casi todas sus letras narraron historias de raigambre política en las que el eje conductor fue la violencia, producto del entorno cultural en el que se desenvolvieron, pero, no se debe olvidar que su discurso estuvo impregnado de manera determinante por el desencanto que sintieron hacia una sociedad incapaz de darles una salida a la precariedad”. En todo ese proceso, “se produjo una ‘vampirización’ del rock contestatario y todos su ‘géneros amigos’”, de la “música antisistema” vasca.

En un principio, es notorio cómo el rock y el punk son recibidos por los entornos nacionalistas como una música de origen foráneo, vinculados a la drogadicción, por lo que se rechazó desde ese ámbito a bandas como La Polla Records, MCD, RIP o Eskorbuto. David Mota recoge esas críticas y deja constancia textual de ellas. Pero, dada la gran aceptación entre la juventud, hacen que la valoración cambie y haya un proceso de apropiación e instrumentalización por parte de HB (con su campaña Martxa eta Borroka). Documenta todo ese proceso y sigue la evolución durante los años noventa, dando cuenta de la diversidad de géneros. Especialmente, explora la tensión entre grupos que cantaban en euskera y bandas que lo hacían en castellano. También, analiza las tensiones entre la política de estas organizaciones y algunas bandas, especialmente las ácratas.

Con todo, dedica un buen tramo del volumen a analizar la represión contra la libertad de expresión a través de las letras de las canciones con un enfoque amplio (saliéndose del marco de País Vasco). Ahí, entonces, parte de un enfoque donde la obra gana en generalidad y, a continuación, aterriza y recoge casos concretos de grupos y canciones que fueron especialmente atacadas (mediática, institucional y jurídicamente) por un aparato reaccionario.

Así, se trata de un trabajo bien documentado, especialmente a través de la prensa general y especializada. Sin embargo, se echa de menos un análisis musical, una perspectiva de las líneas sonoras que trasladaron esas ideas y que construyeron una particularísima escena.

 

Los 40 radikales. La música contestataria vasca y otras escenas musicales: Origen, estabilización y dificultades (1980-2015)

David Mota Zurdo

279 páginas

Ediciones Beta, 2017

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